Conflictos chochiles (Parte 2)

Queridas amigas y conocidas. Os encanta un salseo y así lo habéis demostrado en la votación que lancé ayer en Instagram. Queréis una nueva entrega de conflictos vecinales, queréis dramas, peleas, jarana. No queréis que hablemos de maridos enfermos, para suerte y gloria del rubio hipster. No queréis leer un relato sin exageración alguna sobre un hombre de 34 años al borde de la muerte por tos. Una tos seca, sin mocos, sin fiebre, pero tan sumamente preocupante que tu marido se ve obligado a pedirte a gritos que llames al médico de la mutua para que venga a visitarlo a casa a las 10 de la noche mientras tú le miras con cara de «¿en serio?» y él se retoza por la cama a lo Raquel Mosquera mareada en Supervivientes. 

La ansiedad

Os encanta un drama, os encanta un conflicto. Y no os culpo. El chochismo tiene esas cosas… pelearte con alguien es necesario, dar tu humilde opinión sin que te la hayan pedido, aunque pueda generar una hecatombe, es también necesario y comentar la vida, que no criticar, se ha convertido en una necesidad básica, muy por delante a la de comer. Porque os digo otra cosa, una chocha come por comer, come porque toca, porque una chocha nunca tiene hambre. Jamás. Si una chocha como Terelu se come una porra es por ansiedad pura y dura.

Dramas veraniegos picantes

Existe una sensación muy desagradable y muy común estos días. Ese momento en el que, después de estar varios minutos sentada en la misma silla, una silla sin tapizar, una silla de bar, una silla metálica, una silla de madera normal y corriente, te levantas y ves que la has mojado. Que hay un pequeño círculo húmedo mirándote a los ojos porque a tu coquieso le ha dado por sudar con este calor infernal y el sudor ha calado tu tena lady, tus bragas, tu pantalón y ha llegado hasta la silla.

Conflictos chochiles

Bienaventuradas chochas, este verano voy a cumplir 30 años. Me diréis que son los nuevos 20 y que estoy joven y semi prieta, pero yo ya he empezado a notar que mis niveles de estrógenos y progesterona han iniciado el camino hacia la decadencia más absoluta y que la sombra de la menopausia comienza a acercarse a mi cuerpo folclórico. Es una sensación poco rigurosa y sin base científica alguna pero, queridos míos, se nota, se siente, el chochismo está presente.

Quizás donde más se ve este proceso de atrofia juvenil es en la manera de resolver los conflictos cotidianos. El espíritu conciliador que alguna vez me acompañó y algún problema me evitó se ha ido esfumando y ahora gestiono la adversidad como lo haría la gran Isabel Pantoja.