La era del confinamiento

Queridas amigas confinadas, la hecatombe se cierne sobre todas nosotras. Hace tan solo dos semanas paseábamos nuestros cuerpos serranos por la calle,  nos íbamos a la peluquería, a echar la primitiva, a comprar al Mercadona cuatro cosas de nada y pasábamos por delante de la sección de papel higiénico sin ningún tipo de interés por adquirir ese producto. Llegaba el domingo y encargábamos un pollo al ast con tal de no cocinar. Llegaba el lunes y nos íbamos a trabajar despotricando de nuestra rutina y de nuestra vida en general. Llegaba otra vez el fin de semana y nos íbamos a El Corte Inglés, quedábamos con nuestras amigas chochas libremente para hacer el vermut y compartir una tapita de morro y otra de olivas rellenas, metiendo todas los dedos rechupeteados en el mismo recipiente sin temor a contraer virus alguno y nos atrevíamos a agarrarnos del brazo para darle énfasis a lo que estábamos diciendo. Sin guantes.  Sin mascarilla. Una vida plena y feliz. Pero todo eso se ha terminado, amigas.

La dyson

Queridas compatriotas todas, sé que vuestros suelos pélvicos se han abandonado a la blandura y a la mansedumbre más absoluta, que estornudar se ha convertido en vuestra peor pesadilla y que teméis resfriaros y que un ataque de tos irritativa os sorprenda en público. Sé que a estas alturas estáis todavía decidiendo vuestro próximo disfraz de carnaval y que sabéis que lo más sencillo sería plantarle una peluca rubia a vuestros maridos y aprovechar los dos lenguados que os han quedado por pechos para disfrazaros de Lauren Postigo y Yolanda Mora casándose por el rito Zulú.

Partos chochos

Queridas compatriotas chochas, si no habéis muerto estos días de endiablado temporal os doy la bienvenida de nuevo a este nuestro blog. Espero que estéis todas bien y que vuestras permanentes y cardados no hayan perdido la dignidad y hayan aguantado las huracanadas rachas de viento de estos días mejor que el peluquín platino de Donald Trump.

Volverse eco-zen

Señoras y señores atemorizados ante la llegada del buen tiempo y del destape corporal, ya hemos enterrado la sardina. Y estáis tristes, lo sé. Se acabó el despiporre carnavalesco y eso os duele. Pero yo, sin embargo, estoy tocando castañuelas, porque con la despedida y sepultura del pescado en cuestión se ha inaugurado una de las épocas del año más gloriosas del universo: la de los buñuelos de cuaresma.

Ser una chocha y estar embarazada

Queridas amigas a las que os empiezan a doler las articulaciones y amigos con tendencia a la caída del cabello y al surgimiento de canas en zonas íntimas… Tengo algo importante que comunicaros. Antes de que mis ovarios se sequen, me invada la osteoporosis, me tiña el pelo de azul a lo Lucía Bosé,  llene mi casa de cuadros pintados por mí con dudoso gusto, llegue una nueva era glacial, los osos pardos, Uber y Cabify se extingan y el cirujano plástico de Camilo Sesto lo convierta en lo más parecido a Michael Jackson momificado…

La ansiedad

Os encanta un drama, os encanta un conflicto. Y no os culpo. El chochismo tiene esas cosas… pelearte con alguien es necesario, dar tu humilde opinión sin que te la hayan pedido, aunque pueda generar una hecatombe, es también necesario y comentar la vida, que no criticar, se ha convertido en una necesidad básica, muy por delante a la de comer. Porque os digo otra cosa, una chocha come por comer, come porque toca, porque una chocha nunca tiene hambre. Jamás. Si una chocha como Terelu se come una porra es por ansiedad pura y dura.