Cobras telefónicas

Queridas futuras adictas al bótox y amigas mías todas, sé que estos últimos quince días han sido muy duros. Sé que han sucedido, han pasado, han acontecido cosas difíciles de digerir y que nadie se esperaba. El cierre de Cazamariposas, el timo de los billetes del tal Avlo (el Ave lowcost) a 5€ o contemplar a tu marido tirado en el sofá con una leve afonía y dos toses y media alargando la mano con los ojos entrecerrados convencido de que es el primer caso de Coronavirus en España y que claramente se está muriendo, son solo algunos de los últimos acontecimientos audiovisuales que no vamos a poder olvidar jamás. Como tampoco el día que Carmen Bazán casi decapita a su amiga con la puerta del maletero de su coche.

Partos chochos

Queridas compatriotas chochas, si no habéis muerto estos días de endiablado temporal os doy la bienvenida de nuevo a este nuestro blog. Espero que estéis todas bien y que vuestras permanentes y cardados no hayan perdido la dignidad y hayan aguantado las huracanadas rachas de viento de estos días mejor que el peluquín platino de Donald Trump.

Tienes una relación chocha y lo sabes

Bienaventuradas seguidoras de este nuestro blog, no sé si os habéis dado cuenta pero hoy es San Valentín. Un día en el que con total y rotunda seguridad vuestra pareja os habrá despertado con un desayuno en la cama, os habrá entregado un precioso ramo de flores y esta noche os sorprenderá con un plan íntimo y perfecto: la casa decorada con velas aromáticas, música suave y una exquisita cena a base de marisco, embutido del bueno y un postre afrodisíaco.

Conflictos chochiles (Parte 2)

Queridas amigas y conocidas. Os encanta un salseo y así lo habéis demostrado en la votación que lancé ayer en Instagram. Queréis una nueva entrega de conflictos vecinales, queréis dramas, peleas, jarana. No queréis que hablemos de maridos enfermos, para suerte y gloria del rubio hipster. No queréis leer un relato sin exageración alguna sobre un hombre de 34 años al borde de la muerte por tos. Una tos seca, sin mocos, sin fiebre, pero tan sumamente preocupante que tu marido se ve obligado a pedirte a gritos que llames al médico de la mutua para que venga a visitarlo a casa a las 10 de la noche mientras tú le miras con cara de «¿en serio?» y él se retoza por la cama a lo Raquel Mosquera mareada en Supervivientes. 

Ser una chocha y estar embarazada

Queridas amigas a las que os empiezan a doler las articulaciones y amigos con tendencia a la caída del cabello y al surgimiento de canas en zonas íntimas… Tengo algo importante que comunicaros. Antes de que mis ovarios se sequen, me invada la osteoporosis, me tiña el pelo de azul a lo Lucía Bosé,  llene mi casa de cuadros pintados por mí con dudoso gusto, llegue una nueva era glacial, los osos pardos, Uber y Cabify se extingan y el cirujano plástico de Camilo Sesto lo convierta en lo más parecido a Michael Jackson momificado…

El inglés

Señoras y señores que orinan con la puerta abierta en un baño público porque están de vuelta de todo y les importan aproximadamente 3 pitos que les vean alguna de sus vergüenzas. Esta semana no vamos a hablar de pérdidas de orina, aunque podríamos. Tampoco vamos a hablar de por qué la hija de Carmen Sevilla no deja a Norma Duval visitar a la que fuera musa del Telecupón y de las ovejitas, ni del estropicio que te haces en las uñas cuando intentas arrancarte la manicura semi permanente shellac a pellizcos porque te da pereza ir a que te la quiten. No. Hoy vamos a hablar de algo más profundo y útil para nuestras mentes: el inglés.

Adicciones

Señoras reinonas todas, lectoras y seguidoras de este nuestro blog. Septiembre es el mes de los buenos propósitos. Es el mes en el que te propones perder por lo menos 27 kilos, apuntarte a yoga aéreo, colgarte de una cinta elástica y dar vueltas diabólicamente mientras tonificas tu abdomen, tus muslos, esa chicha flácida que se te une inoportunamente en la entrepierna y hasta el mismísimo coquieso. Es el mes en el que decides retomar tus clases de inglés, aunque tenga que ser con los casetes de Home English que has encontrado haciendo la limpieza de armarios que también te has propuesto hacer. El mes en el que prometes peinarte con plancha incluida y ponerte por lo menos BB Cream cada vez que salgas de casa. EL mes en el que hacer una colección de zapatos en miniatura se te antoja como la mejor idea del mundo.

Vacaciones chochiles

Amigas con papagayos colgones y amigos con esfínteres sueltos a los que se les caen las ventosidades en cualquier lugar y ocasión. Ha pasado mucho tiempo, lo sé. Mucho más de lo que me hubiera gustado. Esto en realidad iba a ser un parón de 4 semanas para que las estadísticas de este nuestro blog no se hundieran con el calor de agosto y vuestro mood verbenero. Pero al final se ha convertido en una ausencia tan larga como la que protagoniza todos los veranos Ana Rosa Quintana. Ella lo hace para operarse de arriba a abajo y empezar temporada con buena cara. Pero este no es el caso, amigas. Yo no tengo la suerte de la reina de las mañanas ni la de Carmen Borrego sin su papada.

Dramas veraniegos picantes

Existe una sensación muy desagradable y muy común estos días. Ese momento en el que, después de estar varios minutos sentada en la misma silla, una silla sin tapizar, una silla de bar, una silla metálica, una silla de madera normal y corriente, te levantas y ves que la has mojado. Que hay un pequeño círculo húmedo mirándote a los ojos porque a tu coquieso le ha dado por sudar con este calor infernal y el sudor ha calado tu tena lady, tus bragas, tu pantalón y ha llegado hasta la silla.

Dos chochos en el Mad Cool

Chochas, chochos, amigos y amigas todas. Antes de profundizar en la temática de esta semana quiero pedir un minuto de silencio. 60 segundos de mutismo para agradecerles a todo los dioses que mi marido y yo hayamos sobrevivido al Mad Cool 2018. Porque, si habéis estado atentos a la prensa y al telediario los últimos días, sabréis que el festival indie hipster madrileño resultó ser un desastre total. Un desastre nivel Azúcar Moreno huyendo indignadas del escenario de Eurovisión 1990 porque no sabían cuándo tenían que empezar a cantar.