Diario de un confinamiento

Queridas amigas confinadas, han pasado ya 35 días desde que nos encerramos todas en el calor de nuestros hogares. 35 días con sus amaneceres y atardeceres, con sus desayunos, comidas, meriendas y cenas correspondientes por preparar y con sus respectivas 24 horas. 24 horas que multiplicadas por los 35 días que llevamos confinadas hacen un total de 840 diabólicas horas maratonianas que nos hemos visto obligadas a rellenar con un sinfín de actividades ociosas para no perder la cabeza y acabar como Sonia Monroy haciendo taichi, aerobic, ballet y luego acariciando un sillón.

La era del confinamiento

Queridas amigas confinadas, la hecatombe se cierne sobre todas nosotras. Hace tan solo dos semanas paseábamos nuestros cuerpos serranos por la calle,  nos íbamos a la peluquería, a echar la primitiva, a comprar al Mercadona cuatro cosas de nada y pasábamos por delante de la sección de papel higiénico sin ningún tipo de interés por adquirir ese producto. Llegaba el domingo y encargábamos un pollo al ast con tal de no cocinar. Llegaba el lunes y nos íbamos a trabajar despotricando de nuestra rutina y de nuestra vida en general. Llegaba otra vez el fin de semana y nos íbamos a El Corte Inglés, quedábamos con nuestras amigas chochas libremente para hacer el vermut y compartir una tapita de morro y otra de olivas rellenas, metiendo todas los dedos rechupeteados en el mismo recipiente sin temor a contraer virus alguno y nos atrevíamos a agarrarnos del brazo para darle énfasis a lo que estábamos diciendo. Sin guantes.  Sin mascarilla. Una vida plena y feliz. Pero todo eso se ha terminado, amigas.

Apocalipsis chocho

Queridas amigas y conocidas, sé que estáis pensando muy seriamente adquirir el colgante «Árbol de la vida» anunciado en televisión, con su regalo de pendientes y pulsera incluido antes por 115€ y ahora por el módico precio de 49.95€, que os planteáis instalar osmosis en vuestras casas para reducir el consumo de plástico y preservar el planeta y que últimamente os halláis nerviosas, agitadas y a punto de la histeria incontrolada. Y lo entiendo. En Sálvame ya no hay público.