La era del confinamiento

Queridas amigas confinadas, la hecatombe se cierne sobre todas nosotras. Hace tan solo dos semanas paseábamos nuestros cuerpos serranos por la calle,  nos íbamos a la peluquería, a echar la primitiva, a comprar al Mercadona cuatro cosas de nada y pasábamos por delante de la sección de papel higiénico sin ningún tipo de interés por adquirir ese producto. Llegaba el domingo y encargábamos un pollo al ast con tal de no cocinar. Llegaba el lunes y nos íbamos a trabajar despotricando de nuestra rutina y de nuestra vida en general. Llegaba otra vez el fin de semana y nos íbamos a El Corte Inglés, quedábamos con nuestras amigas chochas libremente para hacer el vermut y compartir una tapita de morro y otra de olivas rellenas, metiendo todas los dedos rechupeteados en el mismo recipiente sin temor a contraer virus alguno y nos atrevíamos a agarrarnos del brazo para darle énfasis a lo que estábamos diciendo. Sin guantes.  Sin mascarilla. Una vida plena y feliz. Pero todo eso se ha terminado, amigas.

Apocalipsis chocho

Queridas amigas y conocidas, sé que estáis pensando muy seriamente adquirir el colgante «Árbol de la vida» anunciado en televisión, con su regalo de pendientes y pulsera incluido antes por 115€ y ahora por el módico precio de 49.95€, que os planteáis instalar osmosis en vuestras casas para reducir el consumo de plástico y preservar el planeta y que últimamente os halláis nerviosas, agitadas y a punto de la histeria incontrolada. Y lo entiendo. En Sálvame ya no hay público.

Conflictos chochiles (Parte 2)

Queridas amigas y conocidas. Os encanta un salseo y así lo habéis demostrado en la votación que lancé ayer en Instagram. Queréis una nueva entrega de conflictos vecinales, queréis dramas, peleas, jarana. No queréis que hablemos de maridos enfermos, para suerte y gloria del rubio hipster. No queréis leer un relato sin exageración alguna sobre un hombre de 34 años al borde de la muerte por tos. Una tos seca, sin mocos, sin fiebre, pero tan sumamente preocupante que tu marido se ve obligado a pedirte a gritos que llames al médico de la mutua para que venga a visitarlo a casa a las 10 de la noche mientras tú le miras con cara de «¿en serio?» y él se retoza por la cama a lo Raquel Mosquera mareada en Supervivientes. 

El inglés

Señoras y señores que orinan con la puerta abierta en un baño público porque están de vuelta de todo y les importan aproximadamente 3 pitos que les vean alguna de sus vergüenzas. Esta semana no vamos a hablar de pérdidas de orina, aunque podríamos. Tampoco vamos a hablar de por qué la hija de Carmen Sevilla no deja a Norma Duval visitar a la que fuera musa del Telecupón y de las ovejitas, ni del estropicio que te haces en las uñas cuando intentas arrancarte la manicura semi permanente shellac a pellizcos porque te da pereza ir a que te la quiten. No. Hoy vamos a hablar de algo más profundo y útil para nuestras mentes: el inglés.

Cuando viajas y eres una chocha

Amigas y conocidas avispadas seguidoras todas del chochismo. Supongo que a estas alturas ya os habréis dado cuenta. Sí, llegada a una cierta edad tienes más pelos en el bigote que firmeza en tus pechos, pero este no es el tema ahora. Sé que habéis notado que este nuestro blog no goza de mucha regularidad últimamente y que la semana pasada no hubo post. No avisé, no dije nada y me quedé tan pancha.

La ansiedad

Os encanta un drama, os encanta un conflicto. Y no os culpo. El chochismo tiene esas cosas… pelearte con alguien es necesario, dar tu humilde opinión sin que te la hayan pedido, aunque pueda generar una hecatombe, es también necesario y comentar la vida, que no criticar, se ha convertido en una necesidad básica, muy por delante a la de comer. Porque os digo otra cosa, una chocha come por comer, come porque toca, porque una chocha nunca tiene hambre. Jamás. Si una chocha como Terelu se come una porra es por ansiedad pura y dura.

Dramas veraniegos picantes

Existe una sensación muy desagradable y muy común estos días. Ese momento en el que, después de estar varios minutos sentada en la misma silla, una silla sin tapizar, una silla de bar, una silla metálica, una silla de madera normal y corriente, te levantas y ves que la has mojado. Que hay un pequeño círculo húmedo mirándote a los ojos porque a tu coquieso le ha dado por sudar con este calor infernal y el sudor ha calado tu tena lady, tus bragas, tu pantalón y ha llegado hasta la silla.

Conflictos chochiles

Bienaventuradas chochas, este verano voy a cumplir 30 años. Me diréis que son los nuevos 20 y que estoy joven y semi prieta, pero yo ya he empezado a notar que mis niveles de estrógenos y progesterona han iniciado el camino hacia la decadencia más absoluta y que la sombra de la menopausia comienza a acercarse a mi cuerpo folclórico. Es una sensación poco rigurosa y sin base científica alguna pero, queridos míos, se nota, se siente, el chochismo está presente.

Quizás donde más se ve este proceso de atrofia juvenil es en la manera de resolver los conflictos cotidianos. El espíritu conciliador que alguna vez me acompañó y algún problema me evitó se ha ido esfumando y ahora gestiono la adversidad como lo haría la gran Isabel Pantoja.