El Black Friday y otras desilusiones

Queridas amigas y conocidas que os debatís entre la dieta Pronokal, iniciarse en el yoga, cambiarse el color del pelo, divorciarse o hacerse un lipoláser. Sé que estos días estáis nerviosas y agitadas. Os habéis puesto un aviso en el calendario del móvil, del email, lo habéis escrito en un papel y lo habéis pegado en la nevera y hasta en el monedero. Sé que estos días son una cuenta atrás para vosotras y sé, también, que esta noche dormiréis con la tarjeta de crédito en la mano. Sí queridas seguidoras del chochismo, mañana es el día. Mañana es el Black Friday.

El ahorro

Hace algunos años, cuando los sobacos ibéricos detectaban la llegada de la primavera, tú cogías tu tarjeta de crédito y te fundías el sueldo en trapitos novedosos con los que acudir a los 300 eventos sociales apuntados en tu agenda de planificación semanal. Luego, pasabas por una farmacia a comprarte el tratamiento completo para talones agrietados de Dr.Scholl y te entregabas sin pestañear a las primeras ofertas en cremas solares con un poco de maquillaje, aún sabiendo que, tal y como cuenta la leyenda, las cremas se estropean de un año para otro y que al año siguiente las tendrías que tirar casi sin estrenar. Tú y toda tu vitalidad flamenca no pensabais en nada más que en disfrutar de la vida mediterráneamente.

Maravillas de la Teletienda

Hola queridos. Igual es momento de contaros que estoy en paro, un estado laboral que algunos jamás habréis experimentado pero que, para los que trabajamos en televisión, es el pan de cada día. Me suele pasar una vez al año y normalmente son dos o tres meses (siempre coincide con los meses de enero, febrero y marzo). Durante este tiempo de inactividad intento entretenerme haciendo cosas que no puedo hacer cuando trabajo: cocinar sopa, ir a buscar a mi cachorra a la guardería y recorrer los 15 parques que tiene el pueblo, crear un blog, ir a la peluquería, salir a caminar (que no a correr) cuál chocha, hacer cursos de Domestika y ver la Teletienda.