Ser una chocha y estar embarazada

Queridas amigas a las que os empiezan a doler las articulaciones y amigos con tendencia a la caída del cabello y al surgimiento de canas en zonas íntimas… Tengo algo importante que comunicaros. Antes de que mis ovarios se sequen, me invada la osteoporosis, me tiña el pelo de azul a lo Lucía Bosé,  llene mi casa de cuadros pintados por mí con dudoso gusto, llegue una nueva era glacial, los osos pardos, Uber y Cabify se extingan y el cirujano plástico de Camilo Sesto lo convierta en lo más parecido a Michael Jackson momificado…

He decidido quedarme embarazada.  Sí, queridas amigas y conocidas, mi marido hipster y yo hemos perdido la cabeza. Ahora que empezábamos a dormir por las noches, que habíamos recuperado nuestra vida social, nuestra parcela de individualidad, nuestros hobbies. Ahora que incluso habíamos sido capaces de ver y terminar una serie de 4 temporadas en Netflix, de retirar las cantoneras de plástico anti accidentes infantiles de todos los muebles, de tener incluso un jarrón decorativo y de asistir a un festival de música underground con abono completo, hemos decidido ampliar la familia en un arrebato solo parecido al que tuvo Ortega Cano el día que decidió volver a los toros.

Mi instinto maternal había permanecido en coma desde aquel glorioso 8 de julio de 2015, día en el que mi estimado coquieso tuvo que darse de sí 10 centímetros para expulsar un ser humano de 3 quilos y 100 gramos, después de que hasta 5 personas distintas introdujeran su mano en mi vagina, tardaran 2 horas en ponerme la epidural y mi marido fuera víctima de una serie de agresiones verbales protagonizadas por su hasta ese momento angelical novia reconvertida en lo más parecido a Margarita Seisdedos en su afán de pegar a todo quisqui. 

Si hubiera tenido a mano un paraguas y un trípode, creedme que los hubiera usado en ese momento. Las dos cosas. A la vez.

Pero queridas amigas y conocidas, el cerebro humano tiene la virtud de eliminar hasta de la papelera de reciclaje el más mínimo recuerdo desagradable y traumático relacionado con la maternidad y, por eso, este verano el rubio hipster y yo nos vinimos arriba con la idea de tener otro cachorro humano al que alimentar y mantener y por el que sufrir y preocuparse por los siglos de los siglos, amén.

La búsqueda del embarazo duró exactamente lo mismo que la dignidad de Amparo en Super Modelo 2008.

Nada y menos. Cuando quisimos darnos cuenta mi óvulo post verano de septiembre ya estaba fecundado y nuestra fantasía erótica de un otoño lleno de pasión y desenfreno se había roto para siempre. Casi no me hizo ni falta hacerme el predictor para saber que estaba en estado de buena esperanza… Los ligeros pinchazos en la barriga y la transformación de mis caídos lenguados en dos bombas turgentes al más puro estilo Ana Obregón en los 90, me sirvieron y bastaron para saber que estaba embarazada.

La alegría y alboroto se esfumó con la primera arcadita aliviadora, que llegó casi antes que la confirmación oficial del embarazo vía la siempre agradable ecografía vaginal, desencadenando una fantasía de síntomas típicos del primer trimestre de embarazo que ya no recordaba y que si no eres madres y quieres serlo desearás no leer. Pero este es un blog de servicio a la comunidad, de verdades dolorosas, así que… ¡Vamos allá!

NÁUSEAS

Levantarse con la sensación de no haber comido en 3 años, pegarte un soberano atracón para desayunar y pasar el resto del día con la misma cara de asco que María Navarro es una vivencia que no tiene precio.

Así son las náuseas del embarazo, amigas y conocidas. Una maravilla de la naturaleza que te acompañará, con un poco de suerte, solo durante los primeros 3 meses de embarazo. Pero tres meses se dicen muy rápido… Y más si en este segundo embarazo esas náuseas van acompañadas de un exceso de salivación que podrían regar tres cuartas partes de las zonas más áridas de este planeta y terminar con la sequía universal.

Sí, bienaventuradas seguidoras del chochismo, de este síntoma nadie habla, pero el embarazo puede provocarte un exceso de salivación, lo que mundanamente se conoce como babas. ¡BABAS! Babas con las que podría haber sacado toda una línea cosmética que hiciera competencia a la milagrosa crema a base de baba de caracol y haberme forrado. Sentir la boca llena de agua constantemente es la cosa más desagradable que he vivido desde que Miley Cyrus fingió ser fan de Britney Spears solo para reírse de ella.

Al principio no sabía qué me pasaba, qué me sucedía, qué me atormentaba. Me daba vergüenza compartirlo con la gente, hasta que, después de comerme 5 paquetes de chicles para disimular el efecto de mis propias cataratas gustativas se lo confesé a mi madre y a mi abuela. Su sabiduría popular les llevó a recordar una vecina que tenían cuando eran jóvenes y se acicalaban. Resulta que la señora se quedó embarazada y tenía tantas babas que se paseaba por el barrio con 4 pañuelos de tela para ir escupiendo su exceso de salivación. Una maravilla audiovisual que me tranquilizó y me hizo no sentirme tan sola y desgraciada.

TRASTORNOS DEL SUEÑO

Otro motivo para quedarse embarazada es, sin duda, el desajuste del sueño que te provoca. Un infierno bipolar de vigilia y letargo que te hace comprender por qué Raquel Mosquera lucía esta cara tan saludable en la presentación de su segundo hijo.

Lo bonito de estar embarazada es quedarse dormida en una silla mientras tus amigos conversan a tu alrededor en una cálida cafetería a las 6 de la tarde, es padecer un nivel de insomnio tan exponencial que ponerte a limpiar el baño con lejía a las 2 de la mañana se te antoja como algo normal, y es desarrollar la capacidad de entrar en fase REM con los ojos abiertos en cualquier reunión de trabajo.

PROBLEMAS INSTESTINALES

Para albergar un feto en tu interior tu sabio cuerpo necesita hacer espacio. Y eso significa comprimir los intestinos, subir el estómago, apartar el hígado de sus sitios y otras cosis biológicas difíciles de explicar. Así que, sé comprensiva y entiende que tus digestiones no van a ser las mismas, que tu tolerancia a la carne rebozada con patatas fritas y fuet frito no va a ser la misma, que vas a descubrir lo que son los gases (tú, tu marido y el agujero de la capa de ozono), vas a descubrir también lo que son los cólicos no infantiles, los cortes de digestión con diarreas inesperadas en cualquier lugar y en cualquier momento y los famosos ardores. Unos ardores que harán que la única sal de frutas que vas a querer incluir en tu baño sea la sal de frutas Eno combinada, a poder ser, con tres toneladas de Almax.

CAMBIOS DE HUMOR

Si mi marido hipster fuera el autor de este blog esto le daría para 4 entradas, pero como aquí la que redacta soy yo, vamos a pasar por este tema muy por encima. Tan solo voy a reconocer que durante el embarazo sufres un pequeño desajuste en tu estado de ánimo. Algo mínimo y circunstancial, nada grave. Solo que a veces te pones a llorar porque hace muchas semanas que no llueve y que el ambiente no se limpia, porque los gobiernos no están haciendo nada para prohibir el plástico, porque echas de menos el verano o porque Bienvenida Pérez ha desaparecido de la televisión.

Cosas mínimas e insignificantes, como amenazar a tu vecino con denunciar su fraudulenta ampliación de terraza si no deja de acusarte de haberle rayado su coche o como montarle un pollo monumental (con retirada de la palabra y orden de alejamiento incluidas) a tu marido por no sacarte una foto en condiciones de tu semana 18 de embarazo para poder subir a tus redes sociales y comunicar al mundo el feliz momento que estás viviendo. Nada grave.

ANTOJOS

Existen y son irreprimibles. Pepinillos, olivas, patatas fritas, cruasanes, el lomo embuchado congelado y descongelado, las cigalas encebolladas, el turrón Suchard que jamás había comido, el frankfurt con queso, la papilla de cereales de mi hija de 3 años, la tierra de las macetas, las cortinas, las pelusas de la alfombra y los buñuelos de cuaresma que todavía no están disponibles en pastelerías pero que en cuanto los pongan en el escaparate los voy a comprar hasta llenar toda mi cocina, despensa, trastero, maletero del coche y garaje de casa de mis padres y me los voy a comer de 4 en 4.

DUDOSO SENTIDO DEL GUSTO ESTÉTICO

Algo que en un primer embarazo quizás no sucede, pero en un segundo no puede faltar es la falta de gusto estético en general y por todo. La gestación es el mejor momento para usar mallas, siempre las mismas, sin importarte los días que llevas repitiendo outfit. Otro must son los jerséis con pelotillas, cómodos y frufrosos, las sudaderas y vestirte en general como si llevaras un ARG de la revista Cuore del tamaño de un meteorito en tu cabeza o fueras Lady Gaga y tuvieras que conocer a la reina Isabel II.

Juzgadme. El embarazo es una tregua estética. Te lo puedes permitir.

Palabra de chocha.

1 comment
  1. Bunissimmmm Congrats!!!

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