La dyson

Queridas compatriotas todas, sé que vuestros suelos pélvicos se han abandonado a la blandura y a la mansedumbre más absoluta, que estornudar se ha convertido en vuestra peor pesadilla y que teméis resfriaros y que un ataque de tos irritativa os sorprenda en público. Sé que a estas alturas estáis todavía decidiendo vuestro próximo disfraz de carnaval y que sabéis que lo más sencillo sería plantarle una peluca rubia a vuestros maridos y aprovechar los dos lenguados que os han quedado por pechos para disfrazaros de Lauren Postigo y Yolanda Mora casándose por el rito Zulú.

Sí, este GIF ya lo había puesto en otro post, pero el mundo merece verlo de nuevo, el mundo merece saber, el mundo no puede olvidar que Lauren Postigo se paseó con plumas y collares por un poblado africano y que convenció a un grupo de autóctonos para que tocaran las palmas cual folclóricas y asistieran a un convite improvisado a base de frutas. Una maravilla audiovisual solo comparable a la boda en Tahití de Juan Miguel y Karina.

Lo sé, esto también tendría que estar en Pinterest como idea de disfraz en pareja y que debe de ser muy duro aceptar que Juan Miguel fue el precursor del bigote hipster que tanto se lleva ahora. Pero así es este blog, queridas amigas y conocidas, un fiel reflejo de la realidad social más profunda, una enciclopedia de la vida, un lugar perfecto para recordar el día que Lydia Lozano fue a una boda y se prestó a hacer una conexión en directo borracha.

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Borracha perdida.

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Como perdidas estáis todas vosotras con la larga y útil introducción de hoy. Y solo una cosa os voy a decir: necesitáis una Dyson. No importa si es la V8, la V10 o la V11, no importa con qué juego de cabezales os venga, pero necesitáis una Dyson.

Quizás te estás preguntando que a qué viene esto ahora, quizás no sabes lo que es una Dyson, quizás lo que te voy a decir ahora ni te lo has planteado aún, pero tener una aspiradora sin cable y ver en bucle a David Bisbal sacudiéndose los pedos es lo que precisas en estos momentos.

Corría una tarde placentera de parque en la que un grupo de madres hablaba de las maravillas de una tal Dyson. Yo atendía distraída a la conversación, con mis gafas de sol de moderna, mis calcetines fantasía, mi pelo postparto naciendo y apuntando al cielo bendito y mi cara prejuiciosa de «cómo podéis estar hablando de aspiradoras». 

No lo entendía, no lo comprendía. No, hasta que me senté en el sofá de mi casa y, dejando la mirada perdida en el horizonte, divisé una reunión ilegal de pelusas con migas de pan debajo del mueble de la tele.  Atentas todas porque lo que os voy a contar a continuación os va a sorprender más que el look que escogió Rociíto para casarse con Antonio David Flores.

Sí, se puso lentillas de color. Sí, me levanté a a coger la escoba para terminar con esa acumulación de suciedad escondida. Y sí, he dicho una escoba. Una escoba de toda la vida, una escoba con su palo y sus filamentos de plástico no ecológicos. Una escoba que tú creías capaz de eliminar la suciedad pero que, en realidad, está diseñada para levantar el polvo, para esparcirlo, para lanzarlo al espacio exterior. Tú lo ves, yo lo veo, está ahí, volando, moviéndose a través del rayo de luz que entra por tu ventana con la misma discreción que Falete vestido de pavo real.

Y ahí estaba yo, contemplando el polvo que se había levantado con el movimiento de la escoba mientras retumbaba en mi cabeza una palabra: la dyson.

Al día siguiente fui a comer a casa de un amigo. Comimos patatas, comimos olivas, comimos humus con palitos de pan, comimos de pie, comimos paseándonos, comimos y a los 10 minutos estaba el suelo que si hubiera sido una terraza nos hubiera atacado un ejército de palomas. Así os lo digo.

Cuando ese suelo estaba a punto de crear su propio ecosistema y albergar vida, el amigo  en cuestión apareció con su flamante aspiradora sin cable y en una milésima de segundo estaba todo más impecable y estupendo que Paquita Rico y Marujita Díaz juntas.

La dyson. La dyson. La dyson. Mi vida no podía continuar sin ese revolucionario invento. Yo lo sabía, las madres chochas del colegio lo sabían y mi marido también lo sabía. Por eso, en un acto de romanticismo absoluto, el rubio de ojos verdes decidió sorprenderme con un detalle sin precedentes.

Marido hipster detallista: «Cierra los ojos».

Cierra los ojos me dijo el tío. Cierra los ojos como si me fuera a dar una caja de bombones y unos billetes de avión a París. Cierra los ojos para plantarme delante una Dyson V10. Y os aseguro que en otros tiempos hubiera reaccionado así:

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Pero queridas amigas y conocidas, mi marido no me estaba regalando una aspiradora, mi marido me estaba regalando una Dyson. Así porque sí, en una tarde cualquiera de febrero, en una fecha sin relevancia alguna. Y yo estaba igual de sorprendida y emocionada que este chico con pelo sedoso al ver bajar a Mónica Naranjo de un extraño ascensor. 

Desde entonces mi vida es otra, mi casa es otra. Puedes rebuscar entre los cojines del sofá que no vas a encontrar ni un resto de frutos secos. Puedes hacer la croqueta debajo de la cama, si es lo que te apetece, que no se te va a enganchar ninguna pelusa en el pelo. Puedes comerte tranquilamente la tostada con mantequilla que se te ha caído en el suelo por el lado, por supuesto, de la mantequilla, que ahí no va a haber germen alguno. Puedes hasta escupir de la emoción como Irma Soriano, aunque no venga al caso. 

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Puedes hacerlo tranquilamente porque luego llegará la Dyson sin cable alguno y con su autonomía de 60 minutos y lo dejará todo como los chorros de loro.

Mi único deseo ahora es que mi hija se vacíe todas las piedras del parque en casa, tener un perro muy peludo, hacer manualidades con purpurina y cambiar compulsivamente las plantas de maceta encima de la alfombra y poder aparecer en escena con mi querida Dyson para arreglar el desaguisado.

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Os aseguro, bienaventuradas compatriotas, que no hay mayor placer.

Palabra de chocha. 

2 comments
  1. Hay foto del rubio ojos verdes con la minifalda y la Dyson?

    Palabra de chocho

    1. Ojalá! Si lo veo, prometo GIF

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