La ansiedad

Os encanta un drama, os encanta un conflicto. Y no os culpo. El chochismo tiene esas cosas… pelearte con alguien es necesario, dar tu humilde opinión sin que te la hayan pedido, aunque pueda generar una hecatombe, es también necesario y comentar la vida, que no criticar, se ha convertido en una necesidad básica, muy por delante a la de comer. Porque os digo otra cosa, una chocha come por comer, come porque toca, porque una chocha nunca tiene hambre. Jamás. Si una chocha como Terelu se come una porra es por ansiedad pura y dura.

La ansiedad es un síntoma claro del chochismo. Tú sales a cenar con tus amigos chochos, miráis la carta y allí nadie tiene hambre. Que una dice que se va a pedir una de bravas para compartir y nadie las quiere. Que otro dice que «pues a mí me gustan más las patatas con bacon y queso» y absolutamente ninguno de los presentes las quiere. Que ambos se emperran en pedir cada uno su ración de patatas para compartir porque están de antojo y la respuesta es:

Real (pronunciado rial) chocha: «¿Vais a pedir una de cada? Por favor, pero si nadie va a comer. Yo no tengo hambre, ésta es celíaca y éste no va a comer tampoco. Va a sobrar, os estáis pasando. Yo pediría una y ya está»

Pero los amigos chochos caprichosos hacen caso omiso de la advertencia y piden, finalmente, las dos raciones de patatas y tú te pasas 5 minutos haciendo aspavientos y resoplando y repitiendo que «hemos pedido mucha cosa». Porque una chocha nunca tiene hambre, eso ya lo hemos dicho. Pero cuando aparecen las dos tapas de patatas, cada una con su salsa, cada una con su fritura, con su sal, su aceite, sus grasas y sus cosas, tú te tiras encima del plato a lo Álvaro de Gran Hermano lanzándose al vacío para entrar en la casa de Guadalix de la Sierra, rompiéndose los dos hombros en el acto.

Entonces tus amigos te miran y tú, con 5 patatas en la boca, respondes:

Real (pronunciado rial) chocha: «Es que tengo ansiedad».

La ansiedad es muy mala. La ansiedad te lleva a zamparte dos platos de patatas que han pedido tus amigos, después de dejarlos de obesos mórbidos para arriba por ordenar tal cantidad desorbitada de tubérculos con salsa. Te lleva a comprar compulsivamente en Punto Roma online porque parece que refresca. Te lleva a  comprobar que Punto Roma tiene, efectivamente, tienda online y que ha cambiado la imagen de Norma Duval por una churri mucho más joven, prieta y ligeramente bizca.

La ansiedad te lleva a apuntarte a su newsletter para recbir ofertas y descuentos exclusivos. Y te lleva a odiar a todas las madres del colegio. Sí. Esto último, aparentemente, puede pareceros que no tiene nada que ver con lo que estamos hablando, pero ay amigas y conocidas, claro que lo tiene.

Porque cuando vas a la primera reunión del colegio y obligan a sentar a todos los presentes, tu marido de 1,85 incluido, en unas mini sillas de niños de 3 años de dudosa resistencia, eso te genera ansiedad. Cuando ves que ese día deberías haber llevado una bolsa con todo el material que le piden a tu hija y que tu marido y tú sois los únicos que os habéis presentado con el único acompañamiento de un paraguas de los chinos, eso te genera ansiedad.

Cuando te bombardean con horarios y días festivos en los que tú ni de broma vas a tener fiesta, eso te genera, por supuesto, ansiedad. Y cuando te dicen que tiene que estar todo marcado, bragas, calcetines, zapatos, batas y hasta las gomas del pelo con el nombre y apellido de tu hija, eso te genera más ansiedad que cuando viste a Manuela Trasobares mandando un mensaje a los fascistas del mundo al lado de una virgen y con una camiseta en la que se le transparentaban los pezones. 

Si pensabas que el colegio estaba hecho para entretener a tu retoño mientras tú te deslomas para ganar unos euritos que te permitan vivir y, sobre todo, veranear en Marina d’Or, ciudad de vacaciones, para que tu hija se entretenga en el mini golf mientras tú te tomas un gin tonic en la piscina del hotel, estás muy equivocada. El colegio es una amenaza real para tu tiempo libre, una máquina especialmente diseñada para complicarte la existencia. Especialmente, cuando te piden que hagas un álbum en un chas y aparezco a tu lado para que tu angelical cachorra cuente su historia desde el vientre materno hasta su último cumpleaños. Álbum que tienes que hacer a las 12 de la noche mientras planchas la bata que te obligan a lavar cada día.

Y eso, bienaventuradas seáis todas, es ansiedad nivel Paqui la Coles, la amante oculta de Víctor Janeiro, hermano de Jesulín de Ubrique, intentando agredir a su hermana Eva la Fandanguilla, tras acusarla de haber intentado seducir a su marido. 

Pero, sin duda alguna, tus niveles de ansiedad se disparan cuando la profesora cierra la ronda de dudas y preguntas con un…

Profesora (bastante) chocha: «Y por último, hoy tienen que salir de aquí dos delegados de clase. Necesitamos que haya dos padres voluntarios, sino, lo escogeremos por sorteo».

Tu instinto de supervivencia está ideando la manera de meterse debajo de la silla de 20 centímetros en la que está sentado tu marido hipster para que, si el azar os tiene que señalar, le señale a él. Pero una voz chocha interrumpe tu plan.

Madre chocha y futura delegada de la clase: «Si no os importa, puedo ser yo la delegada».

Segunda madre chocha y futura segunda delegada de la clase, levantando animosamente la mano: «Yo también puedo ser delegada».

Dos chochas, pero chochas de las grandes, abrazándose, riéndose con ronquiditos, levantándose, saludando y mirando al resto de padres allí presentes, que nos debatíamos entre los sentimientos de gratitud y odio más absoluto.

Las dos debían tener unos 75 años, exageradamente hablando. Una había decidido hacerse el mismo peinado que sus dos hijas pequeñas para camuflar su chochismo: una media melena rubia con flequillo recto; y la otra estaba intentando disimular que se acababa de dislocar el hombro después de haber levantado la mano con ímpetu y pasión para convertirse en la segunda delegada, sintiéndose como si nos hubiera hecho un favor a todas las demás, a lo Roser cediendo su puesto en Popstars (todo por un sueño) a Carmen Miriam. 

Dos madres senior con varios hijos y una dilatada experiencia en el colegio, dos señoras con mucho tiempo libre, de las que no trabajan y pasan sus mañanas en la cafetería de al lado del colegio zampando cruasanes para luego quemarlos en su clase de hipopresivas a la que van a las 12 del mediodía, cuando la mundanal humanidad trabaja.

Unas chochas perfectas en todo su esplendor. Tan perfectas que en mi interior solo deseaba que tuvieran unas uñas de los pies como las de Marujita Díaz.

Las odiaba, especialmente después de llamarme la atención por el grupo de Whatssap del colegio porque «el gorro de piscina no está marcado». El gorro de piscina no está marcado porque no me da la vida, porque si todo el resto tiene el maldito gorro marcado ya queda suficientemente claro cuál es el gorro de mi hija, porque tengo ardores por las noches,  porque mi marido no está en el grupo de Whatssap ni, de hecho, ningún otro padre y eso es una injusticia, porque a mí también me gustaría ir a hipopresivas a las 12 del mediodía y porque Rocío Jurado se paseó una vez entre sus fans con un coche lleno de mierda y de pintadas.

Eso es ansiedad.

Palabra de chocha.

2 comments
  1. Me presenté el grupo de whats q han creado las mamÁs de p3 del curso de mi hijo (q yo entré una semana más tarde) y ni una puso un breve «hola bienvenida» siguieron hablando de la piscina y qué nenes iban. U.u’

    1. Eso es una falta de respeto absoluta. Pásales un GIF de María Navarro con cara de asesina para vengarte.

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