¡Hola verano!

No, lo que sientes no son los sofocos propios de la menopausia, no tiene nada que ver con la bilirrubina, ni con Juan Luis Guerra, ni se llama obsesión, ni es amor. Tu cuerpo no está pidiendo a gritos que te inyectes un poco de botox en las axilas así, porque sí. Lo que a ti te sucede, amiga chocha, tiene una explicación muy sencilla. Sí, queridas mías, hoy jueves 21 de junio, por si no lo sabíais y por si vuestro Instagram no os lo ha dejado suficientemente claro… ¡Ha llegado el verano!

Un minuto de silencio por todos los posados de verano de Anita Obregón que ya no se han vuelto a repetir…

Ya está, gracias.

Amigas, conocidas y predicadores del chochismo en general, hoy inauguramos una de las estaciones del año preferidas por las chochas. Esto es así. No hay discusión. El verano es la época del año perfecta para sacar tu silla de picnic a la calle y sentarte a ver la vida pasar, a comentar lo gordas que están tus vecinas y a abanicarte como si no hubiera un mañana. Esto sucedía en La Puebla del Maestre (Badajoz) cuando iba de vacaciones con mis padres a ver a mi bisabuela. Por aquella época me bañaba en un barreño de plástico y recitaba anuncios de Dixan Pastillas mientras observaba esas escenas con admiración absoluta y contando los días para crecer y poder participar en semejante Sálvame Deluxe in the street.

Pero, queridas chochas, el progreso periférico ha evolucionado tanto que la gente ya no saca su silla de picnic a la calle (por lo menos en mi pueblo) y ahora me tengo que conformar con salir a la terraza de mi piso con vistas al Mercadona a tender una lavadora a las 9 de la mañana en pijama y observar los chochos que hacen cola para entrar en el supermercado antes que nadie y comentar la jugada (aspavientos incluidos) con mi hija de 3 años. Claro que sí. El verano está para criticar. Para comentar y disfrutar de la sabiduría popular compartida. Para eso, y para lucir un pelo bufado nivel Rosa López en la gira de verano de 2006.

Otra de las cosas buenas que nos da el verano es que puedes ir a la playa. Pero no a la playa como cuando tenías 24 años, los pechos bien puestos y 0,5 gramos de celulitis en tus piernas. No. Ir a la playa cuando eres una chocha se convierte una aventura radicalmente distinta.

La primera gran diferencia está en el outfit. Tú que te habías comprado el conjunto de pareo y cinta del pelo. Tú que cada verano estrenabas un bikini nuevo y novedoso. Tú que aparecías con un cesto playero minimalista y sin cremallera con la revista Cuore y UNA SOLA TOALLA dentro… Ahora apareces por la playa con cualquier cosa. Y cuando digo cualquier cosa es cualquier cosa. Lo mismo te da bajar vestida, que ponerte el pijama, que una bata veraniega de tu madre, que dejarte las bragas porque son de color negro y, total, parece un bikini y se secan más rápido.

A ti lo que más te interesa es estar cómoda. Lo de tumbarte en la arena ya no va contigo y ahora prefieres sentarte en una silla de playa de las que se reclinan. Eso y que te acompañen al agua dos señoras que te ayuden a remojarte el repápalo y a evitar que te tropieces con las diabólicas piedras y con el siempre inoportuno banco de arena.

Otra de tus máximas preocupaciones cuando vas a la playa es no pasar hambre jamás. Una jornada de sol y saltos del tigre contra las olas puede ser agotadora, y tu cuerpo serrano desnutrido no puede permitirse el lujo de perder ni una sola caloría. Por eso te llevas a la playa un tupper con fruta, y agua, y una CocaCola con sus 27 terrones de azúcar, y 8 cruasanes, y un mini bocadillo de pavo y queso.  Y te lo zampas todo mientras te lamentas y te indignas por lo inútiles que son todas las dietas que has hecho. No hay ninguna que sirva. Y lo de Carlota Corredera es liposucción. Os lo digo ya para que no os ilusionéis.

He aquí una reflexión playera que compartieron el otro día conmigo las amigas de mi madre, llega un momento en la vida de toda persona humana en que, chas, te caen 10 quilos encima. Así, sin hacer nada. Sin comerlo ni beberlo. Y entonces tienes que escoger entre culo o cara, darte a los caprichos de la vida y comprarte un bañador faja. Y fin. No hay más que hablar.

O como mucho puedes ir a la próxima procesión de Semana Santa y pedirle al Cristo que te quite los 10 quilos de un plumazo y que, si lo hace, te vas de rodillas hasta Punta Cana y si hace falta vuelves con unas trenzas exóticas como las de Belén Esteban.

Esta foto me recuerda que todavía tengo que organizar mis vacaciones y que este tema me provocará 4 crisis matrimoniales y alguna que otra entrada en este nuestro blog.

Así que, bienaventuradas chochas y chochos, sacad vuestra sombrilla Frigo del trastero, depilaos bien las ingles y repasad la letras de todos los éxitos de Sonia y Selena, que esto no ha hecho más que empezar.

Continuará…

Palabra de chocha.

3 comments
  1. 😃

  2. Algún consejo para lucir vientre plano en las fotos playeras? El otro día fui con Susi y al hacernos un selfie a la orilla del mar decidí no respirar un rato y casi me pilla un corte de digestión… si, eso que ahora dicen que no existe pero a lo que tengo tanto miedo cada verano. Aunque Piluca me dice que eso es una leyenda urbana como lo de que detectan si haces pis en la piscina porque sale de colores… en fin, necesito meter tripa

    1. jaja querida amiga chocha, te entiendo perfectamente. Lo de meter tripa es una necesidad básica, lo mismo que respirar y lo mismo que la Tena Lady a una cierta edad (más temprana de lo que queremos reconocer).

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