Espectáculo eurovisivo

Amantes del jolgorio y del ocio petardo sin filtros, esta semana es especialmente relevante para todos nosotros. Algo muy importante está a punto de suceder. Algo que llevamos un año esperando. Algo que va a cambiar nuestras vidas próximamente y que nos mantendrá enganchados durante varios días. Algo de lo que no podremos dejar de hablar y que afectará a nuestra percepción del universo, modificará nuestros referentes morales e impactará de lleno en nuestro sistema de creencias. Sí amigas, estoy hablando de… EUROVISIÓN.


Bienaventuradas futuras consumidoras de Tena Lady, quizás no lo sepáis, quizás aún no hayáis caído en la cuenta de lo mucho que os gusta Eurovisión, pero yo tengo el deber de mostraros los pilares fundamentales del chochismo y cuando terminéis de leer esta entrada os daréis cuenta de que vuestro cuerpo os pide salsa y con este ritmo vamos a bailar (coro: vamos a bailar) y que Eurovisión es el máximo representante del ADN chochil. SÍ. Eurovisión es un festival de chochas. Un festival que tiene todo lo que a una chocha le corre por las venas: sentido del espectáculo y muy poca vergüenza. Y no es una exageración manipulada por las hormonas. Es una realidad muy bien documentada y he aquí las pruebas.

Sentido del espectáculo

Nuestras vidas de marujas 4.0 no tendrán proyecciones en el suelo que pisamos, ni cambios de vestuario express, ni tampoco tenemos el gusto de bajar del autobús haciendo un porté con 2 bailarines papachombos con six pack y semidesnudos, pero, queridas, toda chocha aplica a su rutina diaria la misma dosis de espectáculo que la gala Inocente, Inocente de Antena3. Una vez tus órganos sexuales empiezan a atrofiarse, el instinto de supervivencia chochil te obliga a adornar tu vida con un plus extra de exageración y pausas dramáticas. Y eso, amigas, se llama espectáculo.

No sé cuál es el vuestro, pero mi número más aplaudido se titula «indignación». Hago representaciones una o dos noches a la semana y consiste en mostrar lo muy enfadada y decepcionada que estoy con mi marido por cosas muy random, como por ejemplo que se le ha olvidado quitar del desagüe de la cocina los restos de espinacas después de haber puesto los platos en el lavavajillas. Si eres una chocha entenderás que eso es un drama nivel la aspiradora no chupa y hay que vaciar el filtro o nivel estoy sola y tengo que doblar las sábanas. Esos restos de espinacas, si no se quitan a tiempo, se enganchan en el desagüe de tal manera que al día siguiente tienes que sacarlos con un cuchillo y bien de desengrasante cocina. Una ardua tarea que puede solucionarse fácilmente retirando los restos de espinacas inmediatamente después de haber aclarado los platos, cuando esos restos todavía están mojados y no han decidido pegarse al desagüe. Todo muy fácil. Todo muy rápido y sencillo. Pues bien, mi adorado esposo, que lo amo y que eso vaya por delante, NO LO ENTIENDE.

Entonces voy yo y todo mi sentido del espectáculo y, en vez de decírselo directamente, le digo «ven un momento, que te quiero enseñar una cosa». Es una técnica que siempre funciona. Tu marido y toda su fantasía cree que va a encontrarte apoyada en la encimera con un picardías nuevo que has comprado por Internet y que has escondido en el cajón de los trapos para darle una sorpresa. Pero en realidad lo que encuentra es a una chocha con media sonrisa diabólica señalando el desagüe y todas las espinacas. Es entonces cuando se inicia una pequeña discusión de convivencia que termina con tu marido dejándote por una maníaca de la limpieza y que tú culminas con el clímax de tu espectáculo que es (por este orden): Uno, morros nivel Yola Berrocal; Dos, sopliditos y rebufidos que oyen hasta los vecinos del tercero; Y tres, ley del silencio y orden de alejamiento de 2 metros incluso a la hora de dormir.

Ese es el golpe de efecto de mi espectáculo: darle la espalda en la cama y crear toda una coreografía de movimientos sin que tu cuerpo roce ni uno de sus pelos con la firme intención de no dejarle dormir. Y es entonces cuando oigo los aplausos en mi cabeza y los 12 points que me dan todos los países. Pero luego hay que reconocer que él empieza a roncar a los 5 minutos y que yo y toda mi indignación se quedan sin público pero, no pasa nada, el mensaje se ha transmitido y yo, que empiezo a tener facilidad para dormirme hasta en la cola del Mercadona, me duermo y me quedo tan pichis.

Muy poca vergüenza

Otro de los elementos que más se repiten en las atuaciones de Eurovisión es la poca vergüenza. Eso es algo que yo pensé que jamás conseguiría. Yo, que me reía de las señoras que salían a plena luz del día a tirar la basura con zapatillas de estar por casa. Yo, que le recriminaba a mi madre que no se terminara de cerrar la cortina de los probadores de las tiendas de ropa. YO. Ahora me veo sacando, no solo la basura, sino llevando a mi hija a casa de mi madre en pantuflas porque, total, voy a ir del coche al parking y quién me va a ver. Pero sí, me ven y me da igual. Lo mismo que me da igual si la cortina del probador se ha cerrado del todo o si tengo la ventana de la habitación abierta mientras me cambio. Me importa un verdadero pito. También me importa un pito que se me caiga una ventosidad en el metro. Porque, amigas, el metro ya huele a pedo y uno más no va a sorprender a nadie. Además, tu cuerpo premenopáusico te ha enseñado que no es bueno aguantarse los gases porque se te forma tal pelota que no hay Aero-red que lo solucione.

Así que amigas péanse, indígnense por unos restos de espinacas sin recoger, salgan de casa como les de la real gana y disfruten de la próxima gala de Eurovisión.  El arsenal de chochas, travestis, señoras con cardados y mujeres seniles que no saben hablar correctamente en inglés os hará sentir que no estáis solas en este mundo y que el chochismo es una religión mayoritaria.

Palabra de chocha.

 

3 comments
  1. yo me desoriono… en serio🤣

  2. ¿Qué tal si un año hacemos un viaje chochil a Eurovisión? ¿Crees que estará subvencionado por el Imserso?

    1. ¡Yo me apunto pero ya! AsíN te lo digo

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