El inglés

Señoras y señores que orinan con la puerta abierta en un baño público porque están de vuelta de todo y les importan aproximadamente 3 pitos que les vean alguna de sus vergüenzas. Esta semana no vamos a hablar de pérdidas de orina, aunque podríamos. Tampoco vamos a hablar de por qué la hija de Carmen Sevilla no deja a Norma Duval visitar a la que fuera musa del Telecupón y de las ovejitas, ni del estropicio que te haces en las uñas cuando intentas arrancarte la manicura semi permanente shellac a pellizcos porque te da pereza ir a que te la quiten. No. Hoy vamos a hablar de algo más profundo y útil para nuestras mentes: el inglés.

El inglés no es un señor de Londres. El inglés es un idioma, hasta ahí todo correcto. Pero lo que hay que entender aquí y ahora es que el inglés es EL idioma. La lengua que todo hijo de vecino debería hablar a la perfección para viajar por el mundo, conseguir buenos trabajos, ganar mucho dinero, operarse los lenguados caídos en los que se han convertido tus pechos y ligarse a un instructor de surf australiano de 28 años cuando tú tengas 45 y hayas decidido pasar unos días de vacaciones en Hawaïi para superar tu divorcio.

Vale, ni Dinio habla inglés, ni Marujita Díaz tenía 45 años por aquel entonces, pero necesitaba un ejemplo audiovisual de lo que es triunfar en la vida y así seguro que me habéis entendido.

Tú que te vas de viaje y obligas a tu marido a hablar con todo el mundo porque te da vergüenza hablar en inglés. Tú que te haces la valiente y vas sola a comprar agua y vuelves con una botella de agua con gas y te la bebes con orgullo aunque no te guste porque alguna mente perversa inglesa ha decidido ponerle 8 nombres diferentes al agua, todo era un soberano lío y tú no estás dispuesta a reconocer que te has equivocado. Tú que vas a una boda con extranjeros y te hinchas a cervezas porque no sabes qué conversación iniciar con los invitados y acabas como las Grecas antes de que empiece la ceremonia. 

Sí, eso es un videoclip real de las Grecas con bien de efectos especiales. Y sí, soy consciente de que  saber inglés es básico y primordial en esta nuestra sociedad.  Y por eso creedme cuando os digo que me he esforzado mucho en aprenderlo y dominarlo. Pero todos mis intentos han sido un fracaso total y absoluto y hoy os voy a contar por qué.

Intento número 1: aprender inglés en el cole

Amigas y conocidas esto se cae por su propio peso, splash famosos al agua.

Nadie llega a la universidad con un nivel digno de inglés  habiendo estudiado la lengua queen solo en el colegio. Y os diré más. Ni siquiera pasar 15 años de tu vida haciendo inglés extraescolar en la academia de nativos de tu pueblo va a darte jamás ese nivel. Tu hija de 3 años pronuncia «purple» infinitamente mejor que tú y ha aprendido más inglés con Youtube, daddy finger y baby shark que tú en toda tu vida. Y eso solo puede significar una cosa: que el sistema educativo no funciona, que el horario de invierno es un bajón y que Bárbara Rey tuvo un hijo mono vestido con chandal noventero al que llamó Nicolás para vengarse de un ex novio. Fantasía no. Pura realidad.

Tú enséñale a una chocha que no sabe inglés todos los tiempos verbales, los present perfects, past perfects y los 75 condicionales incluidos, todas las combinaciones posibles de phrasal verbs y sus traducciones, los should, shall, could, must y otros verbos para dar órdenes y consejos, los reported speech y con esto y un bizcocho consigue que tenga la misma cara que Naty Abascal después de escuchar una pregunta con espasmos gestuales de Carlos Herrera.

Bienaventuradas seáis todas, no hace falta inventarse el método Montessori para ver que esto no funciona, que no vas a conseguir que la gente se comunique en el idioma foreigner never de los never y que vas a tener que buscar un plan B.

Segundo intento: el método de las 1.000 palabras 

¿Qué chocha no ha intentado aprender inglés con un curso CCC, unos casetes de Home English o con el infalible método de las 1.000 palabras?

Pues no, yo no iba a ser una excepción. Desilusionada con el modelo educativo tradicional, decidí formarme con métodos alternativos, más prácticos y en formato coleccionable con tu revista de referencia en los quioscos. Y el escogido fue el de las 1.000 palabras, básicamente porque fui bombardeada con sus anuncios de la radio. Me lo compré, hojeé una especie de enciclopedia con palabras random ordenadas alfabéticamente y chimpún. Ni sabía cómo usarlas, ni cómo combinarlas. Un fiasco total nivel Sara Montiel soplando las velas en su cumpleaños.

Tercer intento: inglés a distancia

Después de esa decepcionante experiencia decidí que mi vida no necesitaba otras lenguas y que podía ser feliz con el idioma de Cervantes y el de Mossèn Cinto, que una es bilingüe y, oye, ni tan mal. Hasta que me sobraba el tiempo libre, me aburría y opté por matricularme en un curso de inglés a distancia de la UOC. Lo hice tan motivada que en mi matrícula arrastré a mi madre y a mi hermana para que se apuntaran conmigo. 3 chochas estudiando a distancia, a lo gemelas de Sweet Valley, pero siendo 3. Y con más quilos. Y más arrugas. Igualitas, vaya.

Lo primero que nos hicieron fue una prueba de nivel en la que, sorprendentemente, decidieron que mi madre iba a un curso mucho más básico que el nuestro. Y digo sorprendentemente porque la mujer llevaba 6 meses hablando a grito pelado con una aplicación para aprender inglés, de esas que te obligan a repetir la frase que te acaban de decir sin importar lo más mínimo si la entiendes o si estés en la cola del supermercado. Y lo mejor de todo es que ella lo hacía. En el Mercadona también. Un espectáculo.

El curso resultó ser otra desilusión. Bien de redacciones, bien de ejercicios, bien de mi madre usando el Google Translate y obteniendo notas de 8 sin tener ni idea, bien de diploma final. Pero lo que es hablar inglés…

Cuarto intento: clases solo de speaking

Si el objetivo final es hablar perfectamente inglés y no como Penélope Cruz en sus películas, no hace falta hacer la gran ecuación para saber que X es igual a hablar inglés, ¿no? Bueno pues a mí me ha costado la friolera de 30 años de mi vida darme cuenta de que, si lo que quieres es hablar inglés tienes que hablar. Todo el rato, en todas partes, con todo el mundo.

El primer objetivo que te marcas es hablar con tu marido hipster en inglés, que el tío, a parte de rubio y guapo, trabaja para señores americanos y extranjeros varios y su acento da el pego. Pero cuando intentas decirle en inglés que haga el favor de quitar los restos secos de naranja exprimida del desayuno del filtro del desagüe de la cocina decides pasarte al lenguaje no verbal y regalarle un recital de aspavientos a lo Beatriz Pérez Aranda en mitad de un informativo 24 horas en directo. 

Por suerte mi vida dio un giro de 180 grados cuando en el trabajo nos ofrecieron la posibilidad de hacer clases de inglés. Clases de speaking. Clases de hablar y conversar. Y esto significa, nada de libros, nada de normas, nada de tangas que son incómodos. Un profesor nativo, un grupo reducido y una hora y media a la semana solo de conversación.

En unas pocas clases ya he aprendido varias cosas útiles:

Que la frase «the point is» es muy útil y te hace parecer culta, que si no sabes qué decir siempre es mejor toser, aunque se te caiga un pedo, y que si quieres hablar de salir de fiesta para hacerte la joven e interesante tienes que usar la palabra «pub» o «club» pero nunca jamás «disco». A no ser que quieras parecer una chocha nivel Mariano Rajoy bailando en una boda.

Palabra de chocha.

2 comments
  1. Buenisimoooo me han tomado por loka mientras me reia a carcajadas y todos los papis enfadados pq no salian los crios en fila para las colonias, buenissimo

    1. ¿Niños de colonias? Amiga chocha, aprovecha para ver un revival de Noche de Fiesta esta noche 🙂

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