Crónica de una fiesta sorpresa

Amigas mías todas, la hecatombe más absoluta ha llegado. He cumplido 30 años y mi mundo de frescura y jovialidad se ha resquebrajado. Quizás os puede parecer que estoy exagerando, que solo es un número, que los 30 son los nuevos 20, pero yo me veo con la obligación moral de deciros que semejante afirmación es mentira. 

Los 30 no son los nuevos 20, son otra dimensión. Una nueva era en la que te aparecen arrugas en sitios insospechados, en la que la flacidez se apodera de tus muslos y en la que tu objetivo principal no es ahorrar para ir al Caribe sino para pagarte unos hilos tensores de oro y un ácido hialurónico en las ojeras.

Otra de las características de esa nueva era que debes conocer es que la forma de celebrar tu cumpleaños cambia radicalmente. Para empezar, te importa un pito y medio celebrar tu cumpleaños. Te parece mucho más necesario hacer el repasillo de tu casa a las 10 y media de la noche y limpiar bien a fondo el váter con lejía jabonosa y Don Limpio para que brille. Pensar en organizar algo te da más pereza que una entrevista de Julián Contreras Junior en Sábado Deluxe y, cuando te quieres dar cuenta, ha llegado el flamante día de tu aniversario biológico y tú no has pensado ningún plan. Así que, bienaventuradas seguidoras de este nuestro blog, no hay plan y lo que vais a ver ahora es un GIF muy gratuito de Ortega Cano bailando con una servilleta.

Total, decides que tu cumpleaños será algo familiar. Comes con tus padres y tu marido hipster te dice que esta noche os vais de cena romántica sin niña para celebrar que tus pechos están un poco más caídos y tu vejiga un poco más atrofiada.

Con el peso de los años sobre tus hombros, decides arreglarte como si te fueras a la boda de David Bisbal y la tal Rosanna y accedes a no hacer preguntas al rubio platino para no arruinarle la sorpresa. Porque sabes que tus dotes de entrevistadora son infalibles y como le pinches un poco te lo cuenta. Total, que te subes al coche sin saber a dónde vais y observas que tu cónyuge está bastante nervioso. Nervioso nivel escondiendo el móvil, nervioso nivel sudores fríos, nervioso nivel Lina Morgan moviendo compulsivamente la pierna. Y eso solo podía significar dos cosas: o que tuviera una aventura o que a la cena hubiera invitado a alguien más. Vamos, lo que se dice una fiesta sorpresa.

Ahí me veis a mí con mi look de boda cóctel haciendo una de las mejores interpretaciones que se recuerdan. Ver a mis amigos y a mi hermana saliendo de una escalera con dos globos gigantes era algo que podía meridianamente intuir, pero lo que jamás me habría imaginado era el plan que me habían preparado: el plan más chocho y bizarro de la historia. Vamos allá, que empiece la crónica.

21:35 h Ya te has besuqueado con todos tus amiguis, te han plantado un 30 en la cabeza, te han atados dos globos gigantes en las muñecas y, con todo el temor de salir volando, te has hecho una foto de dudosa calidad pa’ tu Instagram y te has metido en el «restaurante». Y digo restaurante entre comillas porque con la poca luz que había podía ser un restaurante, un puticlub, o un paso de semana santa. Pero no, era un restaurante; con sus sillas, sus mesas, sus neones, sus plumas, sus manteles plateados, un busto de centauro dorado colgado en la pared, un escenario minúsculo, una pareja de chochos celebrando su aniversario, una despedida de soltera de una chocha de unos 53 años que se iba a casar y un grupo de 20 personas estudiantes de un máster de logopedia que nos iban a dar mucho juego.

Esto os lo contaré después… Sigamos con la crónica.

22:00 h Ya estamos todos sentados en la mesa y no una mesa cualquiera, la mesa frontal, la única que está delante del escenario. Tus malignos amigos y tu marido chistoso no te dicen lo que ahí va a suceder y eso te produce una tensión nunca vista y empiezas a sudar hasta el punto de mojarte las bragas. Una maravilla.

23:00 h Las cenas de grupo suelen ser lentas. Pasa mucho tiempo entre plato y plato pero, amigas y conocidas, en ese restaurante en una hora ya nos habíamos terminado hasta el postre. Nos habían lanzado la comida como a los delfines les lanzan pescados en el Aquarium y no nos había dado tiempo casi ni de masticar. Algo pasaba que ahí la gente tenía mucha prisa. Mi mente intentaba hallar una explicación lógica y racional hasta que, se apagaron las 3 luces que quedaban encendidas y pasó esto:

Un señor vestido de papagayo dando vueltas sobre un aro mientras la mitad del público temía por su vida y la otra mitad no podía dejar de mirarle el paquete comprimido en unas mallas claramente pequeñas. Las señoras de la despedida estaban encantadas, los logopedas iban apartando sus sillas, la pareja de aniversario parecía claramente confundida y nosotros nos debatíamos entre la alegría y la perturbación, hasta que una de mis mejores amigas sin saber que la música iba a hacer una de sus pausas dramáticas silenciosas soltó:

Amiga chocha: ¡Me está dando vergüenza ajena!

Yo lo sentí, la amiga de la otra punta lo sintió, la maruja a punto de casarse lo escuchó, la profesora de los logopedas lo escuchó y el papagayo del aro también.

23:20 Llevamos 20 minutos de espectáculo de variedades. Hasta ese momento hemos visto un papagayo dando vueltas con un aro, una señora castigada por la vida cantando Beyoncé encima de una barra y un gay con pantalones de rayas con purpurina haciendo un monólogo gracioso. ¿Qué más podíamos ver?

Efectivamente. Llegó el momento de hacer participar al público y, después de que la chocha que se iba a casar ( sí, era ella) nos deleitara con una demostración de ritmo y coordinación nunca vistos, le tocó el turno a nuestra mesa. El 80% de mis amigos se había encadenado a su silla y había tirado la llave al mar, mi marido literalmente se había ido, yo me estaba escondiendo debajo de la mesa y al pobre que estaba más a mano y que me estaba grabando todo el rato vídeos para escribir esta crónica le tocó salir a mover el culo con dos señoras. Por su integridad física y mental no lo voy a mostrar, pero os voy a enseñar algo mucho mejor. La mejor amiga de la chocha que se iba a casar saliendo al escenario y dejándose manosear por tres artistas de variedades. ¡Disfrútenlo!

En este punto de la noche todos estábamos absolutamente entregados con el espectáculo. Dábamos palmas, sonreíamos sin cesar y hasta nos levantamos para acompañar a los artistas en su último número. El bizarrismo nos había poseído y eso no había Dios que lo parara. Y mucho menos cuando se terminó el espectáculo y bajó una tela/proyector que anunciaba «Karaoke».

Si hay algo que gusta entre las chochas es un karaoke. Esto es así. No hay discusión. Y allí éramos 75 chochas, dos logopedas avergonzados y un marido y un cuñado que no sabían dónde meterse. Así que el éxito estaba servido. Una servidora y sus amigos se tiraron en plancha al álbum de temas para escoger canción y, tras superar la decepción de no encontrar éxitos de la Pantoja, Rocío Jurado, Karina y, ni si quiera, José Luis Perales, nos decantamos por los hits internacionales: Womanizer, It’s raining men y Obsesión (no es amor, no es amor, es una obsesión).

Y ahí, sobre el escenario, con el móvil en la mano y el 30 en la cabeza, me apoderé del micrófono e hice desfilar a todos mis amigos para que me hicieran coros y bailaran a mi alrededor mientras yo me sentía como una diva y mi marido se arrepentía de haberse casado conmigo. Y todo eso sin alcohol porque, queridas amigas y conocidas, cuando eres una real (pronunciado en inglés, /rial/) chocha, no necesitas alcohol para venirte arriba y hacer el ridículo más absoluto.

Palabra de chocha.

P. D. ¿Os acordáis que la semana pasada me reía de mi marido enfermo? Pues al día siguiente de mi cumpleaños me puse malísima con un virus intestinal. Cosas del karma, supongo.

1 comment
  1. 😂 FELICIDADES. SALUD.

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