Crónica de un robo

Amigas y conocidas predicadoras del chochismo. Esta semana no encontraréis en este nuestro blog un post de alegría, jolgorio y pitorreo. No. Esta semana no tengo inspiración chistosa, ni tampoco la gracia de las parodias de Los Morancos ni, mucho menos, el salseo simpático de la actuación noventera de Moldovia en Eurovisión 2018.

Queridas afectadas por las pérdidas de orina, esta semana no tengo ganas de ná. No tengo ganas de andar rápido, ni de competir en silencio con las otras chochas por ver quién entra antes en el autobús, no tengo ganas de pedir la tanda en la pescadería, de hecho no tengo ni siquiera ganas de reciclar el aceite de freír las patatas. Mi vida es un drama y tengo un doble disgusto que no me lo aguanto.

El primer motivo de mi desasosiego es el poco éxito que está cosechando el disco de María Teresa Campos y Edmundo Arrocet. Y os lo digo alto y claro: NO lo entiendo. El maravilloso LP de 10 temazos llamado «Una bella historia» es una obra de arte, una reliquia del chochismo. Una revolución expresiva a la altura de las sitcoms de José Luis Moreno, de la pirueta y patada de David Bisbal, de la reinterpretación del Ecce Homo de Cecilia o de los calcetines de media de Lina Morgan. Lo de la Campos y su churri es una innovación artística que dentro de unos años será objeto de estudio y que no entiendo por qué está teniendo menos éxito que el reality show de Ana Obregón. Pero lo peor de todo no es eso. Lo pero es que estuvieron los dos chochos en un Corte Inglés promocionando su primer disco y solo firmaron dos ejemplares.

La cara que se les debió quedar a María Teresa y a Edmundo al escuchar que por megafonía del Corte Inglés anunciaban que estarían firmando discos en la planta baja, sección música, y ver que allí no aparecían más que dos Manolis con ganas de hacerse una foto con su diva y muy pocas de comprar el disco, solo puede compararse con la cara que se me quedó a mí el domingo por la mañana. (Y he aquí el motivo de mi segundo disgusto).

Resulta que el domingo por la mañana teníamos un compromiso social y cuando fuimos a buscar el coche, mi marido, yo y el señor de la pollería que tenemos debajo de casa nos dimos cuenta de que NO ESTABA. El primer impulso fue pensar que nos habíamos despistado nivel Lolita huyendo de los periodistas y metiéndose en un coche de policía pensándose que era un taxi.

Pero no. Después de dar 5 vueltas a la manzana, bajar al parking 2 veces y encontrar los dos juegos de llaves en el bolso y en el mueblo del recibidor de casa, mi marido, yo, el de la pollería y ahora también mi cuñado y mi sobrina caímos todos en la cuenta de que el coche había desaparecido. Entero. Con sus ruedas, sus retrovisores, sus asientos, la sillita de la niña, el carrito McLaren y UNA BOLSA DE TUPPERS DE MI MADRE (un drama…). Estuvimos buscando durante 10 minutos la típica pegatina de la grúa, pero solo encontramos un vale descuento del supermercado, de esos que te incitan a comprar cosas que no necesitas pero que compras solo por el hecho de que te descuentan un 10%.

Total, que ahí fuimos todos en procesión a preguntar a una patrulla de policía local que pasaba por allí cerrando un desfile de caballos y carros (todo muy rural y pictórico) que dónde estaba nuestro coche. En nuestro mundo ideal cabía la posibilidad de que la grúa se lo hubiera llevado después de haberla liado parda en la vía pública. Sí, porque cuenta la leyenda que cuando tu coche la lía nivel me he olvidado de poner el freno de mano y el coche se ha movido hasta estamparse contra la zona de carros del Mercadona, viene le grúa, se lo lleva y no te deja pegatina alguna en el suelo.

«No hemos retirado ningún vehículo de la vía pública este fin de semana». Esa fue la cruel sentencia que emitieron los dos policías chochos con pocas ganas de levantar sus barrigas cerveceras del vehículo. Os voy a resumir los bandazos que dimos intentando encontrar el coche desaparecido y vamos ya al kit de la cuestión: acabamos en la comisaría de los Mossos de Esquadra y con la certeza absoluta de que NOS HAN ROBADO EL COCHE.

Efectivamente. Estamos hablando de un robo, como el de Cifuentes con las cremas del Eroski pero con un artículo mucho más pesado y difícil de esconder en un bolso.

Por mi cabeza pasaron todas aquellas otras veces que me podrían haber robado el coche y no lo hicieron: la vez que me dejé el coche con las ventanillas abiertas y LAS LLAVES PUESTAS en el parking de un centro comercial durante 3 horas y media; la vez que dejé el coche encendido y con la puerta abierta en un área de servicio para comprar una tontería rápida y me pasé 15 minutos de reloj mirando qué tipo de palitos de pan me gustaban más; o la de veces que he abandonado el coche en doble fila sin cerrar y sin importar la caravana que podía generar (y con todo listo para que cualquiera se llevara el coche) para tirar la orgánica, los plásticos, el cartón de leche vacío y una bolsa de ropa de mi hija para la Humana.

Sí, había tentado a la suerte en demasiadas ocasiones. Y estoy segura de que, además, el karma me ha castigado por intentar robar dos personajes de Ben&Holly y la varita mágica del Castillo mágico de Ben&Holly. Un juguete que los Reyes Magos compraron en Amazon y que venía sin esos accesorios (por error) y que yo, como tiro todos los tickets sin pensar en el mañana y porque me va el riesgo, me vi obligada a tomar una drástica determinación para que mi hija no se quedara sin sus personajes.

Y ahí estaba mi marido resoplando y vigilando los pasillos del Corte Inglés mientras yo abría muy poco discretamente dos cajas del famoso Castillo para efectuar el hurto. Un hurto que jamás perpetramos porque a mí me dio la risa con mini pérdida de orina incluida y mi marido abandonó la misión. Pero da igual, parece que el simple hecho de planearlo ya cuenta como delito para el karma. Y yo me encuentro ahora mismo en un estado en el que me cago en el Karma como haría Amador Mohedano en la playa y que me encadenaría a un árbol como Tita Cervera en señal de protesta.

 

Luego se me pasa el cabreo y pienso que hay cosas peores, como que se acabara toda la lejía jabonosa del mundo y no pudiera desinfectar con mi «protocolo huevo» el plato y el tenedor con el que bato los huevos y que, sin esa lejía, huelen mal hasta después de lavarlos en el lavavajillas. De hecho huelen a «huevo». Un horror… Pienso en eso y también en que, ahora que ya no tengo coche, el vecino chocho maligno se ha quedado sin su ansiado parte. Y eso, queridas chochas malignas como yo, me da la vida 🙂

Palabra de chocha.

6 comments
  1. En serio t han robado el coche en el parking??? Me quedo chochiloca!!!

    1. Me lo han robado delante de mi casa, es decir, delante del Mercadona!!!! Un drama chochil

  2. JAJAJAJAJAJAJAJAJJA Cuaaaaanta razón!!!
    Lo del coche, jode.
    Lo del intento de hurto.. pasa.
    Lo de la Campos y su churri… pues mira, es lo que hay!
    Pero lo de la Cifu… Pobre burda hurtadora de cremas sin clases previas en la escuela de la calle! Seguramente creía que en la escuela del estado, habiendo asistido a las clases de Hurto Político (presuntamente asistido, presuntamente hurtado), ya se lo sabría todo! pero no.. ahí te enseñan a estafar al ciudadano pero no al comercio!! Es que.. ejke (que dice mi niña).. ASIN NO! 🙂
    Me ha encantado y te acompaño en el sentimiento por el auto no perdido, no «engruado» y si hurtado.

    1. jajaja la Cifu es una chocha nivel TOP

  3. ¿Lo de escribir Moldovia en lugar de Moldavia también es chochismo?

    1. Absolutamente. Chochismo es inventarse palabras amiga, incluida Moldovia (una fusión entre Moldavia y Moldova, que así es como lo pronuncian en English Eurovisivo).

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