Conflictos chochiles

Bienaventuradas chochas, este verano voy a cumplir 30 años. Me diréis que son los nuevos 20 y que estoy joven y semi prieta, pero yo ya he empezado a notar que mis niveles de estrógenos y progesterona han iniciado el camino hacia la decadencia más absoluta y que la sombra de la menopausia comienza a acercarse a mi cuerpo folclórico. Es una sensación poco rigurosa y sin base científica alguna pero, queridos míos, se nota, se siente, el chochismo está presente.

Quizás donde más se ve este proceso de atrofia juvenil es en la manera de resolver los conflictos cotidianos. El espíritu conciliador que alguna vez me acompañó y algún problema me evitó se ha ido esfumando y ahora gestiono la adversidad como lo haría la gran Isabel Pantoja.

Con el paso de los años lo que verdaderamente me apetece es recolectar una docena de piedras para dejarlas en el hueco que hay entre la palanca de marchas y el freno de mano de mi coche para lanzárselas sin piedad a todo aquel que me pite, me adelante, me atormente o me perturbe en la carretera. De momento no lo he hecho, pero lo que mi entorno más inmediato no ha podido evitar es que mande un mensaje bomba al grupo de Whatssap de las mamis de la guardería.

Por si no tuviera suficientes grupos silenciados, hace varios meses las mamás chochas de la guardería decidieron crear un grupo de Whatssap en el que JAMÁS he hablado. Pero, queridas amigas, mi pobre e indefensa cachorra estaba siendo víctima de violentos y sanguinarios ataques infantiles y, después de 4 moratones, 2 mordiscos y otros tantos arañazos, la cosa requería de una seria intervención. Así que, le hice una foto a la futura chocha con las últimas heridas en primer plano y la mandé al grupo con el siguiente texto (traduzco):

«Hola a todas, os escribo porque hace varias semanas que Lana (mi hija) llega con arañazos en la cara. Lo hemos hablado con Nuri (la profesora chocha) y ella nos dice que son cosas normales, que ahora están todos con las rabietas y que se pegan. Nosotros somos conscientes de que es normal y que son niños, pero quizás podríamos procurar llevar a los niños al cole con las uñas bien cortadas. No podemos evitar que se peleen pero así sí podremos evitar que vengan con la cara marcada.»

 

Y chimpún. Ni gracias, ni emoticonos, ni nada.

De 16 números de teléfono sin guardar que hay en ese grupo solo 3 contestaron que sí, que toda la razón del mundo, que «uñas cortadas al poder». El resto no dijeron nada y han dejado de saludarme. Pero a mí me importa un pito y ahora me paseo por la guardería con la misma cara que María Navarro por el aeropuerto.

Ahora estoy inmersa en un conflicto vecinal con un señor chocho que aparca su coche al lado del mío. El hasta ahora entrañable abuelo me pilló por banda hace unas semanas, sacó una linterna cegadora, apuntó al lateral de su coche de señor mayor y me aseguró que le he rayado el coche. He aquí las dramáticas rayadas.

Como podéis ver, lo que tiene son pequeños toquecitos. Los típicos que te provoca el golpe de puerta de un coche que se aparca a tu lado. Y sí, mi coche tiene exactamente el mismo color que las polémicas marcas. Y sí, aparco siempre a su lado. Pero queridos amigos, NO HE SIDO YO.

Es imposible que haya sido yo porque nunca abro la puerta trasera de ese lado. Yo abro la puerta del otro lado, meto a mi hija en la sillita, abro la puerta del copiloto, dejo el bolso en el asiento, doy la vuelta, abro la puerta del conductor, me subo y ciao, bye, adiós. Así se lo intenté explicar, con toda la recreación teatralizada y abriendo y cerrando todas las puertas, pero el chocho en cuestión se puso chungo nivel María Patiño y me exigió que hiciéramos un parte porque total seguro que yo tengo el coche a todo riesgo y qué más me da. El señor mayor pensó inocentemente que yo iba a claudicar e iba a pagar los autógrafos que muy probablemente le habrá hecho otro chocho en el parking de cualquier Condis o Carrefour, pero yo le dije que ni hablar del peluquín.

Desde ese momento vivimos en una especie de guerra fría en la que él aparca cada vez más pegado a mi coche para que me vea obligada a rayárselo de verdad y yo evito a toda costa cruzármelo (vigilando incluso por la mirilla de la puerta). Pero amiguis, el conflicto chochil tiene los días contados. El otro día compré un pulimento y planeo aplicárselo en las rayadas con alevosía y nocturnidad. Mi marido, que ha descubierto el bote en mi mesita de noche, está intentando convencerme de que no lo haga, pero mi hermana y vecina me apoya y está dispuesta a ayudarme. Dice que ese viejo chocho le cae mal porque su hija, que tenía una peluquería en el pueblo, le hizo este peinado masculino cuando ella y toda su edad del pavo le pidieron el peinado que llevaba Cameron Díaz en «Algo pasa con Mary».  

Sí, he pixelado la cara de mi hermana y sí,  el hairstyle que le hizo la hija del chocho le amargó sus días en el instituto. Así que, si ahora en nuestra operación fuera rayadas dejamos el coche peor de lo que estaba habrá sido cosa del karma, justicia divina o, como diría Carmina Ordóñez, a nosotras plin cataplín.

 

Palabra de chocha.

 

5 comments
  1. Ay por favor, confírmanos que el pulimento para las rayadas lo has comprado en la teletienda!!! JJAJJJAJAAJ

    1. ¡Por supuesto! El anuncio decía que en solo 3 segundos y con un ligero movimiento circular las rayadas desaparecerían por completo.

  2. Estoy enganchado, quiero más capítulos y los quiero ahora.

  3. Ayyy cómo me he reído xD
    Yo hace poco tuve un conflicto así con una vecina, después de venir a mi casa chillando q me habían a denunciar comprobamos q por distancia de su golpe y mi parachoques era imposible y se disculpó… pero vaya cuerpo me dejó!

    1. Ogh menudo show! Lo tuyo es peor amiga… aunque veamos como termina lo del abuelo chocho. Besos!

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