Cómo recuperé mi coche robado

Queridas amigas con pequeñas pérdidas de orina al estornudar y amigos con tendencia a las flatulencias involuntarias, controlad vuestros esfínteres durante los próximos 8 minutos. Sentaos, paraos y dejad de hacer lo que estabais haciendo. Éste es, posiblemente, el post más surrealista que vais leer en toda vuestra vida, más surrealista incluso que cuando vimos a Ana Obregón en un capítulo del Equipo A con una pistola y doblada en español por sí misma.

Lo que os voy a narrar no ha nacido de mi infinita imaginación, ni de un guión digno de una película de Andrés Pajares. No. Todo lo que vais a leer a aquí y ahora es la realidad pura y dura, un relato meridianamente cierto, auténtico, sin aditivos y tan natural como el caldo Aneto.

Hace unos días os expliqué que me habían robado el coche. Lo aparqué en la calle de mi casa, delante del Mercadona, y desapareció con su volante, sus ruedas, sus faros Led, el DVD portátil con 3 temporadas de Pocoyó, la sillita de la niña, el carrito y una bolsa llena de tuppers de mi madre. Un drama automovilístico que empañó mi vida de influencer dejándome sin ganas de posturear y más triste y desamparada que Pitita Ridruejo participando en el 1,2,3 y escuchando las preguntas que debía responder.

Pero, queridas amigas y conocidas, conforme pasaron los días la pena se fue convirtiendo en alegría, jolgorio, felicidad y gloria bendita en lo que parecía un ejemplo más de bipolaridad chochil. Mi marido me observaba con el temor de que la menopausia estuviera empezando a hacer estragos en mí y que mi repentino cambio de humor se debiera a un ataque hormonal despiadado previo a los sofocos y a la osteoporosis. Pero nada de eso.

El robo de mi coche se había convertido en la mejor de las noticias, mi cuerpo estaba empezando a tonificarse gracias al transporte público y, por primera vez en toda la historia de los seguros, mis nuevos mejores amigos de Línea Directa me habían comunicado que nos cubrían el robo de nuestro coche. Esto significaba que, si en 30 días no aparecía el RIP coche, el seguro procedería a pagarnos el 100% de lo que nos costó el coche o, en su defecto, nos daban otro coche igual pero nuevo. Es decir,  alegría verbenera pura nivel Rita Barberá borracha y tirando mini petardos.

Los siguientes días los pasé mirando catálogos de coche, viendo vídeos comparativos de coches.net en Youtube y concertando visitas a diferentes concesionarios. Mi objetivo era coger el dinero de la indemnización y comprarme un coche nuevo y novedoso, mucho más seguro y, ya puestos, con un maletero extra grande por si algún día se nos ocurría volver a procrear. Un tanque con ruedas que me permitiera ser la reina de la carretera y que desprendiera gas lacrimógeno para ahuyentar cualquier intento de robo. No sabía qué modelo me gustaba más, pero me había hecho hasta un Excel con los posibles candidatos y decidirme era cuestión de días.

Mi vida había sido placenteramente sacudida por la magia de la novedad, un concepto que brilla por su ausencia en una vida de chocha. Total que, de repente, ya ni siquiera necesitaba ver fotos en Instagram de los protagonistas de Vikingos… Consultar fichas técnicas y ver imágenes de salpicaderos y asientos abatibles me estaba aportando una dosis extra de salseo que hacía que mi vida fuera perfecta. Perfecta hasta el jueves 24 de mayo.

Eran las 22.48 h de la noche. Mi casa se encontraba patas arriba porque mi sexy marido y profesor de máster estaba dando su última clase y yo había aprovechado para invitar a cenar a todos mis amigos de la infancia. Estábamos celebrando el cumple sorpresa de uno de mis mejores amigos recién llegado de Donosti, la niña estaba a punto de descolgar la cortina jugando al escondite con otro de mis BFF, yo estaba poniendo una secadora porque siempre es un buen momento para hacer las tareas del hogar cuando, de repente, sonó mi móvil:

Real Chocha: «¿Diga?»

Desconocido con acento andaluz: «Sí, hola, le llamo del cuartel general de la guardia civil de la Línea de la Concepción.»

En ese justo momento, una de mis amigas con su pepe apoltronado en mi sofá decidió inmortalizar mi cara recibiendo una de las peores noticias posibles. Ella no sabía qué me estaban diciendo al otro lado de la línea telefónica 4G, pero lo que me iba a  comunicar el desconocido con acento andaluz iba a dinamitar mi nueva y novedosa idílica vida.

Desconocido con acento andaluz: «La llamo porque hemos encontrado su coche.»

Os aseguro que en ese fatídico momento me hubiera encantado convertirme en Naty Abascal y sortear la adversidad del mismo modo que ella elude responder las preguntas de los periodistas que la persiguen en cualquiera de sus salidas nocturnas.

Pero fue imposible. El guardia civil estaba que no cabía en su orgullo y satisfacción por haber encontrado un coche robado y yo no podía parar de pensar que esa llamada significaba que me tendría que quedar sí o sí con el ex-RIP coche. Había aparecido dentro de los 30 días reglamentarios y, por lo tanto, oficialmente seguía siendo mío.

Real chocha: ¿Y cómo está?

Sí, lo segundo que hice fue preguntarle cómo estaba mi coche. Como si mi coche fuera un familiar lejano o la cuñada de una vecina. Es una pregunta que una hace muy habitualmente, una pregunta de cortesía, de educación, de me preocupo por ti, pero lo que jamás me esperaba fue semejante respuesta.

Guardia Civil con acento andaluz: Bueno, a ver, tiene un golpe por detrás y se le ha hundido un poco la puerta trasera y el parachoques. Y bueno, no tiene asientos traseros.

Real chocha: ¿Cómo que no tiene asientos traseros?

Guardia Civil con acento andaluz: No tiene, no, se los habían arrancado, ya sabe, pues pa’ lo que se hace aquí en la Línea de la Concepción. Pa’ pasar droga.

MI COCHE, el coche en el que he paseado a mi adorable hija, con el que voy a comprar verduras no plastificadas, ESE coche había sido robado por unos traficantes, trasladado a más de 1.000 km de mi casa, desmantelado y preparado para pasar cocaína de África a España. Y con toda la cocaína que hay en este país, señores, yo me pregunto POR QUÉ tuvieron que interceptar MI coche. ¿Por qué no lo dejaron que siguiera libremente su camino? Que lo hubieran dejado hacer un par de viajecitos, que lo hubieran encontrado pasados los 30 días reglamentarios y que yo hubiera podido decir «amiguis ya no lo quiero porque ya me he comprado otro flamante coche/tanque con la indemnización del seguro». ¿¡¿ERA MUCHO PEDIR?!?

Intenté buscar el lado positivo de las cosas y el único consuelo que encontré fue que, ahora sí, iba a tener un maletero amplio. Claro que, en ese momento, todavía no sabía la odisea en la que se convertiría el hallazgo de mi ex-RIP coche: una guerra abierta con la compañía de seguros, 40 barras de pan, llantos, llamadas a un 902, más drogas, Ally McBeal, una campaña en Twitter, los planes de un viaje exprés a Cádiz y una persecución con accidente incluido.

Bienaventuradas chochas, si os pensabais que ya lo habíais leído todo estáis muy pero que muy equivocadas. La semana que viene, segunda parte de cómo recuperé mi coche. Y os aviso que lo que conoceréis superará 1.000 veces el día que Chelo García Cortés reconoció haber tenido una noche de amor con Bárbara Rey. O el día que Terelu Campos reventó su camisa en un photocall.

 

Palabra de chocha.

5 comments
  1. Me dejas a medias…. to muerta, matá

    1. Amigui esto es tal culebrón que no me cabe en un post…

  2. Y luego?????? Estamos nque no cabemos en nosotros con tanto intringulis!!!!

    1. Esto va a ser un culebrón en toda regla amigos

  3. 😭

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *