Cobras telefónicas

Queridas futuras adictas al bótox y amigas mías todas, sé que estos últimos quince días han sido muy duros. Sé que han sucedido, han pasado, han acontecido cosas difíciles de digerir y que nadie se esperaba. El cierre de Cazamariposas, el timo de los billetes del tal Avlo (el Ave lowcost) a 5€ o contemplar a tu marido tirado en el sofá con una leve afonía y dos toses y media alargando la mano con los ojos entrecerrados convencido de que es el primer caso de Coronavirus en España y que claramente se está muriendo, son solo algunos de los últimos acontecimientos audiovisuales que no vamos a poder olvidar jamás. Como tampoco el día que Carmen Bazán casi decapita a su amiga con la puerta del maletero de su coche.

Todos y cada uno de esos sucesos perturbadores nos han dado una lección de vida: que todo lo bueno se acaba, que lo barato sale caro y que a tu marido no le pasa absolutamente nada. Lecciones casi tan importantes como la que os voy a dar yo aquí y ahora. Atentas porque lo voy a decir varias veces, lo voy a poner en negrita y lo voy a subrayar, pero atentas igualmente que os da por dispersaros y acabáis mirando las 127 historias destacadas de Aramís Fuster con títulos tan reveladores como «Yo», «hoy», «hoy2», «ok», «1» y «2».

Fantasía.

Pero vamos a lo que vamos:

Las cobras telefónicas NO funcionan.

Ahí lo tenéis, ahí os lo dejo y más os vale que os lo tatuéis en vuestros subconscientes porque os ahorraréis más de un disgusto, amigas. Solo si interiorizáis esta afirmación podréis asegurar la supervivencia de vuestro matrimonio. Sí queridas, porque entender que las cobras telefónicas no funcionan podría evitar muchos divorcios en este país, incluido el tuyo, que sabemos que estás al borde de la separación y el cese temporal y total de la convivencia. Porque una cosa os voy a decir: lo que le hizo David Bisbal a Chenoa escondidos solos por amor no tiene nombre ni viene al caso…

Pero os lo quería comentar porque estábamos hablando de cobras y todo queda justificado. Ya está, ya lo he dicho. Sé que en estos momentos no estáis entendiendo nada, que desconocéis lo que es una cobra telefónica, lo que significa «hype», «crush» y otras tantas palabras que os pillan muy chochas. No sabéis si Bertín Osborne finalmente participará en Supervivientes, si la fuerza de la gravedad conseguirá que tus pechos toquen el submundo y mucho menos por qué el cantante de Maná se ha dejado hacer esto:

Lamento comunicaros que muchas de esas dudas quedarán sin resolverse, pero lo que a cobras telefónicas se refiere, ai lo que a cobras telefónicas se refiere no os preocupéis bienaventuradas amigas y conocidas que hoy vamos a hacer un máster. ¡Vamos allá!

Cobra telefónica: dícese del acto poco honesto de contratar una compañía de telefonía móvil para lograr que tu actual compañía te haga una oferta mejor y así quedarte donde estás pero pagando la mitad de lo que pagabas.

¿Y quién no ha hecho eso? Hubo unos gloriosos años en los que todo era campo, Loreto Valverde y su risa contagiosa triunfaban en televisión y una buena cobra telefónica te permitía ahorrar en tu factura y conseguir el último modelo de Nokia y su serpiente. Yo lo he hecho, tú lo has hecho y Shakira ha hecho esto:

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Corría el año 2019. Mi marido hipster y yo disfrutábamos de un fin de semana con amigos. La velada era perfecta: niños de 4 años peleándose por un lápiz sin punta, turnos para comer, bebés llorando y una entretenida y dicharachera conversación sobre economías familiares y sus gastos. Nadie, absolutamente nadie, podía presagiar lo que ahí se estaba gestando. Una absoluta teoría de la conspiración que tuvo en un distraído comentario la mismísima semilla del diablo.

Amigo perspicaz que vela por su economía familiar: «Pues yo estaba harto de pagar un pastón en Movistar… Así que llamé a Vodafone, hice una portabilidad y al día siguiente me estaban llamando los de Movistar. ¿Sabéis cuánto pagamos ahora? 70€. ¡Con todo!»

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70€ por el teléfono fijo con llamadas ilimitadas, la fibra de 600 megas, dos líneas móviles con datos por supuesto ilimitados, series, películas, fútbol, más fútbol, el plus, fusión, la liga de fútbol rusa si hace falta, más fusión, yomvis, canales infantiles y hasta los dientes de este señor volando a la velocidad de tu fibra óptica si hace falta.

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No sé a vosotros, pero a mí y a los 165€ que desaparecen todos los meses de mi cuenta por ese mismo paquete plus premium de Movistar se nos quedaron la misma cara de desilusión y tristeza que a la tal Violeta de Mujeres, Hombres y Viceversa.

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Por supuesto tenía que hacer yo algo. Mis Excels internos se habían puesto en alerta y mi sueño de pasar un fin de año en las Maldivas con un tanga y mis recién operados pechos turgentes tostándose al sol en mi villa privada con piscina infinita necesitaban de una intervención rápida. Al día siguiente, con toda la resaca de CocaCola con cafeína y azúcar, llamé a Vodafone y sí lo hice.

Chocha decidida y dispuesta a ahorrar: «Hola, me gustaría hacer una portabilidad con vosotros».

Me daban igual los megas, los canales de televisión o las llamadas ilimitadas. Yo era una clienta sin filtro y sin exigencias con ganas de contratar sus servicios, fueran los que fueran. En 30 segundos había dado mi DNI, mi número de cuenta, mi teléfono móvil, el de mi marido y había hecho la grabación de voz para aceptar el contrato y firmar una permanencia de un año. El agente comercial que estaba al otro lado del teléfono jamás había tenido que esforzarse tan poco para convencer a alguien. Había sido tan fácil y sencillo como tonificar tus piernas con el Gymform Leg Action viendo telenovelas turcas desde la comodidad de tu sillón.

El primer paso de mi brillante plan ya estaba hecho. Ahora solo tenía que esperar a que Movistar me llamara para ofrecerme una atractiva rebaja de precio en mi factura actual para quedarme con ellos y todos contentos. Estaba tan orgullosa y eufórica por lo que estaba a punto de conseguir que le fui a dar la noticia a mi marido hipster por Whatssap sin darme cuenta de que estaba enviando el mensaje al grupo de Whatssap de los padres del cole.

Típico, diréis. Pero el pitorreo que se armó no os lo deseo a ninguna de vosotras. Todo el mundo estaba al corriente de la maniobra y, por supuesto, todo el mundo esperaba la contraoferta. Yo la esperaba, tú la esperabas, pero la contraoferta no llegaba y yo estaba como Belén Esteban cogiendo el teléfono rojo cada vez que sonaba el móvil esperando que fuera Movistar.

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No quiero poneros nerviosas en este punto del relato. Si tenéis que ir a picar algo a la nevera lo entiendo perfectamente. La ansiedad es muy mala y si queréis ir a coger unas galletas, unos kikos o un bocadillo de chistorra yo os espero porque insisto la contraoferta NO llegaba.

(Pausa para picar algo).

Mi cuerpo serrano se estaba poniendo nervioso y ya ni os cuento cómo estaba el de mi marido ante la posibilidad de perder la Liga y la Champions durante un año entero. Movistar no llamaba pero los que sí llamaban cada día eran los de Vodafone para concretar qué día podía pasarse el técnico para instalarme la fibra y la tele que había contratado atosigándome igual que el día que Kiko Hernández perdió una muela en directo y persiguió a Lydia Lozano para enseñársela.

Yo estaba de viaje, yo fingía que no tenía cobertura, que no les escuchaba bien, que estaba muy ocupada. Los señores de Vodafone lo estaban flipando, esa es la verdad, y decidieron finalmente mandarme al técnico el día que a ellos les dio la real gana.

(Sonido de telefonillo de piso periférico situado delante del Mercadona)

Chocha desprevenida: ¿Si? 

Técnico comprometido con su trabajo: «Hola, soy el técnico de Vodafone, vengo a instalarte la fibra».

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Acostumbraos a este GIF porque me da la vida y voy a abusar de él. El servicial técnico que venía dispuesto a hacer su trabajo me pilló por sorpresa y con la dyson v10 en la mano. ¿Qué hubieras hecho tú? ¿Aspirar todas las migas de pan del desayuno con tu flamante nueva dyson v10? Por supuesto que sí. ¿Abrirle la puerta al susodicho técnico? Claro que no. ¿Qué hice yo? Abrirle la puerta.

Abrirle la puerta y poner un extraño acento ruso, hacerme pasar por la mujer de la limpieza de la dueña de la casa y pedirle amablemente que se fuera, que no volviera más, que ahí no tenía nada que hacer, que los señores de la casa estaban de viaje, de viaje muy lejos, en Australia y que no iban a volver jamás y que no se tomara la molestia de pasar por ahí nunca más porque no encontraría a nadie que quisiera ni televisión, ni fibra, ni datos, ni fusiones mix. Vamos, que lo eché de casa con el mismo ímpetu que Michu dándole un portazo al reportero de Sálvame y cargándose su micro. 

Con Vodafone acosándome para darme un buen servicio, no me quedaba otra opción: si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña, pensé yo cogiendo el teléfono para llamar a Movistar.

Chocha decidida y convencida de sí misma: «Hola, soy cliente vuestro desde hace mucho tiempo y quería que supierais que estoy muy descontenta con vuestros servicios y que he hecho una portabilidad con Vodafone».

Agente de Movistar sin ápice de sorpresa alguna: «¿Llama usted para dar de baja el servicio con nosotros?»

Chocha nerviosa: «Eh, llamo porque me parece muy fuerte que no me llaméis para ofrecerme una mejora de mis condiciones de contrato».

Agente de Movistar con pocas ganas de negociar: «Señora eso ya no lo hacemos. Si usted quiere que le demos de baja el servicio procedemos a hacerlo inmediatamente». 

Que eso no lo hacen dice el amigo de Movistar. Todo mi castillo de naipes cayéndose en 30 segundos con una decepción solo comparable a la de Cristopher en La Isla de las Tentaciones.

Por supuesto colgué el teléfono antes de que el señor que me había llamado señora procediera a darme de baja de un servicio que obviamente quería mantener. Me armé de valor, senté a mi marido hipster en el sofá, le di una cerveza y una bolsa de pistachos (que él es muy de picoteo) y le comuniqué lo sucedido de la manera más convincente posible.

Chocha en modo comercial: «Cariño, esta muy bien lo de Vodafone eh, creo que deberíamos cambiarnos. Vamos a pagar solo 70€ al mes con datos ilimitados en el móvil y nos regalan el HBO y todo. Solo perdemos el fútbol.»

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El fútbol. 22 señores con calcetines XXL persiguiendo una pelota. Una chuminada para algunos, una chuminada para ti y para mí, querida amiga, pero resulta que es una necesidad básica para mi adorado cónyuge. Tan necesario que estaba dispuesto a divorciarse si procedía con la portabilidad, asíN me lo dijo. No me quedaba otra opción: llamar a Vodafone y cancelar la operación.

«¿Quiere usted que cancelemos la portabilidad?», me dijo un tal Javi de Sevilla que me atendió.

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Con el rabo entre las piernas y más arrepentida que Nagore tras su operación de nariz. Así fue cómo terminó mi aventura negociadora, con 165€ menos en mi cuenta todos los meses pero con un matrimonio que, de momento, se mantiene próspero y feliz. 

Así que, queridas amigas, no lo intenten en sus casas. Las cobras telefónicas no funcionan. No hasta que se demuestre lo contrario. El foro de debate queda abierto.

Palabra de Chocha.

4 comments
  1. A mi me me ha funcionado hace 1 mes 😀 pero eramos Vodafone.un beso chocha

    1. Malditos orgullosos los de Movistar prrrr

  2. Ay niña suerte que te leo. Sabes si los del seguro de casa también hacen eso? Quiero cambiar porque la última vez al intentar irne me regalaron una batidora para que me quedara. Me duró seis meses el cacharro. Ahora me iría bien una nueva porque quiero hacer mayonesa y no estoy por hacerla a mano, que me canso.

    1. Ai! Me da la vida este comentario. ¿Cobras hogareñas? Ni me lo había planteado pero si regalan batidoras me lo apunto!!!

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