Chochas y chochismo

Amiguis, soy una chocha. Hace algunos días salí al balcón de mi casa con vistas al Mercadona para gritarles a unos chicos que se callaran, que era muy tarde (las 23:07 para ser exactos). Yo con mi pijama y una especie de polar al que me niego a considerar una bata tuve que oír como me berreaban que me fuera a dormir (eso sí, hablándome de usted y llamándome señora). Para Navidades le pedí a mi madre que me regalara una olla a presión. Un invento maravilloso con el que las judías verdes se cuecen en 5 minutos y ahorras en tu factura de la luz (todo ventajas). Y últimamente también estoy pensando en hacerme un cambio de look radical. Un corte de pelo tipo garçon que hasta yo misma sé que me va a quedar modo periquito con reminiscencias de Rosa Villacastín.

Quizás el concepto chocha es nuevo para vosotros, pero tengo que avisaros, advertiros que llega un momento en la vida de toda persona en el que te conviertes en una chocha. Da igual si eres hombre o mujer, si tienes un MBA o si cultivas coles de Bruselas. Ese momento llega siempre. Punto. No hay discusión. Y para que veáis que no me lo invento, que este blog va a tener sentido y que desde ya tenéis que añadir a vuestro vocabulario las palabras chocha y chochismo, os lo voy a demostrar.

Sí amigas, con bien de rigor, para corroborarlo voy a usar el método científico, que el otro día hice limpieza general, zafarrancho de combate, y hojeando mis libros del cole vi que un día debí adquirir esos conocimientos y que posteriormente los olvidé para dejar espacio a nuevas y útiles informaciones, como por ejemplo que La Prohibida es una diva que canta «Baloncesto, dentro de tu pecho, jugando al baloncesto» y que en realidad es un hombre pero que tiene un giro de cabeza y unos andares con tacones bien de estilo que ya quisiera yo.

 

Pero volvamos al método científico. Una fórmula infalible para demostrar cosas random en 4 sencillos pasos.

1. OBSERVACIÓN

Seguro que conoces a una señora que se ha pintado el pelo con todos los colores del arcoíris (yo sí); a gente que en mitad de un chubasco inesperado se pone una bolsa de plástico en la cabeza; personas que bailan con el hilo musical del Lydl; que mantienen conversaciones privadas a raíz de una foto publicada en Facebook, sin darse cuenta de que lo lee todo el mundo; que pican al timbre nocturno de un parking, y al de abonados, hasta que al final dan con el timbre correcto y tienen que bajarse del coche con el bolso puesto porque no llegan a coger el diabólico papelito; o jóvenes que tapan sus primeras canas con rímel (mala idea siempre, por mucho que Patry Jordan lo recomiende).

2. HIPÓTESIS

Son chochas y chochos.

Lo siento por vosotros pero el masculino de chocha es chocho.

3. EXPERIMENTACIÓN

A ver, voy a ser sincera, no he hecho ningún experimento al respecto, pero al fenómeno a través del cual una persona se convierte en una chocha yo lo llamo chochismo. Todavía no he averiguado qué provoca esa metamorfosis en nuestro interior. Debe ser algo de las células, las neuronas o las enzimas (que no sé lo que son pero poner esa palabra aquí right now queda como bien). Otra teoría que se me ocurre es que tenga que ver con la alimentación. Los gasificantes, metabisulfitos, tocoferoles y los amigos E- no sé cuántos no tienen nombres muy tranquilizadores. Por no hablar del aceite de palma. Si todos los tipos de aceite montaran una boyband el de palma sería algo así como Howie de los Backstreet Boys .

Es tan malo que ahora invierto 15 minutos de reloj leyendo etiquetas en el súper para comprar unas galletas María de toda la vida que no lleven aceite de palma. Las he encontrado, por cierto, las de la marca Hacendado. Pone que están hechas 100% con aceite de girasol y eso me dejó más tranquila. Aunque luego me imagino esos girasoles churruscados al sol con bien de radiaciones ultravioletas y no sé qué pensar, qué queréis que os diga. Que comer bien en este nuestro tiempo es muy difícil. El consumismo, el progreso y la globalización nos lleva amigas. Pero ese es otro tema.

4. CONCLUSIÓN

Las chochas existen. Son una realidad. Y tarde o temprano serás una de ellas. ¡Es más! Querrás ser una de ellas y las adorarás. Porque ser una chocha, amiguis, significa que te importa un pito lo que opinen los demás, está de más, quién detiene palomas al vuelo. Es una filosofía de vida que yo la llamo «de vuelta de todo» y que podría ser el título de una canción de Chenoa.

Este blog pretende ser un reflejo del lifestyle chochil. El mío y el de tantos y tantas otras chochas.  No sé exactamente de qué temas hablaré pero sí que será todo 100% basado en hechos reales. Sin artificios ni postureos (que para eso ya tengo Instagram donde puedo taparme las canas con tampón de clonar y esas cosas). Aquí solo verdades y risas.

Palabra de chocha.

 

 

 

 

2 comments
  1. Viva el Chochismo!!!!!!! 😛

  2. Arriba el chochismo!!!! Fan!

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