Así es un shooting para una chocha

Bienaventuradas seguidoras del chochismo y de este nuestro blog, sé que ansiabais esta entrada a primera hora de la mañana pero ser chocha es muy duro y esta semana voy tarde. Durante los últimos días han pasado cosas muy perturbadoras en mi vida que me han mantenido en parálisis existencial. Cosas como que el otro día me enteré que las palabras este, ese y sus correspondientes femeninos y plurales no se acentúan nunca jamás, ni cuando actúan como pronombres. Una nueva norma de las momias de la Real Academia de la Lengua que aprobaron hace ya algunos años y que yo me había perdido. Como cuando te enteras de que Andy y Lucas han sacado nuevo disco y que ahora el gordo es el delgado y el delgado es el gordo.

Lo de estar desactualizada es una característica Premium del chochismo. Pero esta (sin acento), no es la principal causa del retraso del post. Mi drama existencial de esta semana, el que me ha mantenido en límites diagnosticables de déficit de atención no tiene nada que ver con una norma ortográfica.

Un acontecimiento sin precedentes ha sacudido mi vida flamenca en los últimos días. Algo que me ha roto el sueño, que me ha perturbado y atormentado y que ha hecho aparecer 7 canas nuevas en mi melena balayage. Amigas y conocidas, esta semana he organizado un shooting con modelos para lanzar la Summer Collection de la firma en la que trabajo.

Sí, era un viernes por la tarde. La humedad me había enratado el pelo y hacía tres días que estaba siendo víctima de un episodio de estreñimiento cuando, en mitad de una lluvia de ideas de esas locas, solté aquello de «esto ya lo hago yo».

El «esto» era en realidad encargarme de organizar todo el shooting, buscar unas modelos profesionales, una estilista, una maquilladora, una localización to’guapa y hasta un barco velero cargado de sueños cruzó la bahía… Una caída libre más dura que la de Falete en Mira quién salta que me costó 5 intensos días de trabajo.

Y ese shooting se hizo ayer.

13.00 h. El director creativo, la fotógrafa y una servidora pizpireta nos desplazamos hasta la localización para prepararlo todo antes de que llegaran las dos modelos. Había acordado con las despampanantes féminas que las recogería en la parada del tren con mi coche de chocha prestado por mi madre a las 14:07. Estaba a punto de salir para allí orgullosa y radiante por lo bien que estaba yendo mi planning cuando, de repente…

Cuando has alquilado un velero, has contratado una estilista y una maquilladora, has alquilado dos cámaras, has movilizado al equipo y estás en la localización con todo el atrezzo del mundo mundial,  leer un mensaje así a 1 minuto de la hora acordada es lo más parecido a padecer un infarto.

Lo primero que se te pasa por la cabeza es que has metido la pata, que te has equivocado a la hora de pactar con la agencia de modelos el día de shooting, que te van a despedir, vas a tener que pedir trabajo al Mercadona de delante de tu casa y que te vas a poner gorda como una foca porque la Nocilla te queda cerca, las galletas Príncipe te quedan cerca y en general todas las tentaciones con aceite de palma que intentas no comprar para no tenerlas en tu casa y no comértelas en un ataque de gula te quedan muy muy cerca.

Pero antes de inaugurar semejante drama opté por revisar mi correo electrónico. Allí vi que claramente había pedido las modelos para el miércoles 27 de junio. Así que, llamé a la agencia, monté el correspondiente pollo chochil, la chica se disculpó y me dijo que me mandaba a las modelos en un taxi en 3, 2, 1, que no me iba a cobrar horas nocturnas y que correría ella con los gastos de desplazamiento. Y yo, amigas, yo colgué el teléfono sintiéndome igual de triunfadora que La Veneno después de pelearse con Nova y lograr que saliera huyendo del plató de Dónde Estás Corazón.

16:00 h. Llegan las modelos con su cara lavada y su insultante belleza, nos metemos todos en el club náutico de turno, empezamos la sesión de maquillaje y peluquería. Y es ahí, cuando en mitad del estrés pre sesión de fotos, a 35 minutos de coger el velero y rodeados de bañadores, vestidos, barras de labios y tapaojeras se me ocurre preguntar:

Real chocha: ¿Alguien se marea en el barco?

De 8 personas allí presentes, el único que no levantó la mano fue el capitán del barco, que nos miraba con cara de, ¿marichochis por qué narices habéis alquilado un velero?

El director creativo, la fotógrafa y yo nos cruzamos la mirada haciéndonos la misma pregunta pero, no pasaba nada. Saqué mi Biodramina Cafeína del bolso y en 30 segundos estaba repartiendo más pastillas que las que se ven en un festival de música electrónica, y tenía al personal más animado que Lola Flores y Lolita bailando rodeadas de chinos.

La alegría, queridas amigas y conocidas chochas, nos duró bien poco.

17:00 h. Hacía exactamente 20 minutos que habíamos salido del puerto y ya estábamos todos mareados. Porque marearse en un barco, queridas, es muy de chocha y allí éramos 7 chochas y un capitán.  La primera en sufrir los estragos del movimiento saleroso del mar fue una de las modelos que, con todo su glamour y perfección, se puso a vomitar por la borda cual niña del exorcista mientras el resto sorteábamos el viento cargado con tropezones y nos agarrábamos a la primera cuerda que encontrábamos para no caer. El capitán le estaba recomendando que vomitara por el otro lado, las estilistas estaban buscaban sin éxito una bolsa de plástico, cuando, de repente, la muy digna se levantó, se limpió, se acicaló el pelo, miró a cámara e hizo su mejor pose.

 

Cuando pensábamos que la cosa no podía empeorar, salió volando un sombrero. Yo lo miré impasible y pensando bye bye, ciao, adiós, pero cuando las estilistas me informaron de que si no lo devolvían me lo iban a cobrar obligué al capitán a dar la vuelta para recuperarlo. El giro de timón fue tan brusco que me tuve que meter el móvil en las bragas para no perderlo. La fotógrafa se mareó nivel no puedo seguir haciendo fotos. Y yo y toda la cafeína de la biodramina que me había tomado nos vinimos arriba, cogí la cámara y me puse a hacer fotos de dudosa calidad.

18:00 h. Bajamos del barco y besamos el suelo como el Papa Juan Pablo II cuando bajaba del avión, dándole las gracias a todos los dioses del universo por habernos traído a tierra sanos y sin manchas de vómito. La siguiente parada era la playa y ahí sí, la cosa fue bien. Las modelos se retozaban en la arena con sus cuerpos esculturales mientras las chochas allí presentes contemplaban la escena.

Yo estaba igual, observándolas. Cargada como una mula y con los ojos fijos en los pies de semejantes musas. Un pie que, por cierto, era exactamente igual de largo que mi pierna entera.  En mi cabeza retumbaba la idea de lo injusto que es el mundo. Que, tan solo con los centímetros de uno de sus dedos pequeños del pie, mi altura hubiera sido otra y mi vida mucho más maravillosa.

Pero la vida es así… La campaña, amiguis, se presenta el 16 de julio. Así que, por favor, cuando veáis la maravilla de fotos que hemos hecho tened presente que detrás había un grupo de chochas mareadas, insoladas y con los aros del sujetador muy sudados.

Palabra de chocha.

 

 

 

 

 

2 comments
  1. ¡Enhorabuena!

    Cada día me río más con tu blog. Escribes genial y me encantan tus referencias chochiles…

    Gracias por compartir tus experiencias con todos!

    1. ¡Ogh! Gracias querida chocha. Me hace mucha ilusión leer comentarios así. Casi más que unas campanadas con Ramón García y Ana Obregón.

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