La era del confinamiento

Queridas amigas confinadas, la hecatombe se cierne sobre todas nosotras. Hace tan solo dos semanas paseábamos nuestros cuerpos serranos por la calle,  nos íbamos a la peluquería, a echar la primitiva, a comprar al Mercadona cuatro cosas de nada y pasábamos por delante de la sección de papel higiénico sin ningún tipo de interés por adquirir ese producto. Llegaba el domingo y encargábamos un pollo al ast con tal de no cocinar. Llegaba el lunes y nos íbamos a trabajar despotricando de nuestra rutina y de nuestra vida en general. Llegaba otra vez el fin de semana y nos íbamos a El Corte Inglés, quedábamos con nuestras amigas chochas libremente para hacer el vermut y compartir una tapita de morro y otra de olivas rellenas, metiendo todas los dedos rechupeteados en el mismo recipiente sin temor a contraer virus alguno y nos atrevíamos a agarrarnos del brazo para darle énfasis a lo que estábamos diciendo. Sin guantes.  Sin mascarilla. Una vida plena y feliz. Pero todo eso se ha terminado, amigas.

Apocalipsis chocho

Queridas amigas y conocidas, sé que estáis pensando muy seriamente adquirir el colgante «Árbol de la vida» anunciado en televisión, con su regalo de pendientes y pulsera incluido antes por 115€ y ahora por el módico precio de 49.95€, que os planteáis instalar osmosis en vuestras casas para reducir el consumo de plástico y preservar el planeta y que últimamente os halláis nerviosas, agitadas y a punto de la histeria incontrolada. Y lo entiendo. En Sálvame ya no hay público.