Dramas veraniegos picantes

Existe una sensación muy desagradable y muy común estos días. Ese momento en el que, después de estar varios minutos sentada en la misma silla, una silla sin tapizar, una silla de bar, una silla metálica, una silla de madera normal y corriente, te levantas y ves que la has mojado. Que hay un pequeño círculo húmedo mirándote a los ojos porque a tu coquieso le ha dado por sudar con este calor infernal y el sudor ha calado tu tena lady, tus bragas, tu pantalón y ha llegado hasta la silla.

Dos chochos en el Mad Cool

Chochas, chochos, amigos y amigas todas. Antes de profundizar en la temática de esta semana quiero pedir un minuto de silencio. 60 segundos de mutismo para agradecerles a todo los dioses que mi marido y yo hayamos sobrevivido al Mad Cool 2018. Porque, si habéis estado atentos a la prensa y al telediario los últimos días, sabréis que el festival indie hipster madrileño resultó ser un desastre total. Un desastre nivel Azúcar Moreno huyendo indignadas del escenario de Eurovisión 1990 porque no sabían cuándo tenían que empezar a cantar.

Maridos enfermos

Queridas amigas, querida familia y queridísimos Piscis. La audiencia ha hablado. La audiencia ha decidido. Y esta semana lo que queréis leer aquí y ahora es un relato sobre maridos enfermos. Una crónica en primera persona y basada 100% en hechos reales que arrojará luz a una problemática social creciente e invisible. Algo de lo que no se habla. Algo que nadie reconoce. Algo que se sufre en silencio y que no existe Hemoal que lo solucione. Quizás tú no quieras reconocerlo pero la siguiente afirmación es una verdad como un templo. Una verdad aplastante, solo comparable al hecho irrefutable de que a tu madre le huele la ropa recién lavada mejor que a ti. Incluso usando el mismo detergente y suavizante no has conseguido igualar su aroma y eso te perturba y te atormenta.