Noche de fiesta

Amigas y conocidas premenopáusicas y señores con incipiente caída de testículos, bienvenidos una semana más al blog. Hace unos días inauguramos oficialmente la primavera, no la del calendario, sino la de verdad, la que te obliga a poner una lavadora con todos tus abrigos, plancharlos y guardarlos en el armario. Esa misma estación en la que te entra el abarrunto de descolgar todas las cortinas, vaciar las estanterías, reorganizar los cajones de la cocina y limpiar las persianas agujero por agujero sin importarte que, más allá de tus ventanas, hay 8 millones de toneladas de polen esperando a posarse en tu terraza. Vamos, que tu casa dura impoluta lo mismo que Kiko Rivera en un reality show. Pero a ti te da igual. Estás feliz porque sabes que con la primavera también comienza la época verbenera de salidas nocturnas varias. Salidas nocturnas que, ahora que eres una chocha, cuentas con los dedos de una mano y que necesitan meses de planificación y un recordatorio enorme en tu agenda imantada de la nevera.

El ahorro

Hace algunos años, cuando los sobacos ibéricos detectaban la llegada de la primavera, tú cogías tu tarjeta de crédito y te fundías el sueldo en trapitos novedosos con los que acudir a los 300 eventos sociales apuntados en tu agenda de planificación semanal. Luego, pasabas por una farmacia a comprarte el tratamiento completo para talones agrietados de Dr.Scholl y te entregabas sin pestañear a las primeras ofertas en cremas solares con un poco de maquillaje, aún sabiendo que, tal y como cuenta la leyenda, las cremas se estropean de un año para otro y que al año siguiente las tendrías que tirar casi sin estrenar. Tú y toda tu vitalidad flamenca no pensabais en nada más que en disfrutar de la vida mediterráneamente.

Conflictos chochiles

Bienaventuradas chochas, este verano voy a cumplir 30 años. Me diréis que son los nuevos 20 y que estoy joven y semi prieta, pero yo ya he empezado a notar que mis niveles de estrógenos y progesterona han iniciado el camino hacia la decadencia más absoluta y que la sombra de la menopausia comienza a acercarse a mi cuerpo folclórico. Es una sensación poco rigurosa y sin base científica alguna pero, queridos míos, se nota, se siente, el chochismo está presente.

Quizás donde más se ve este proceso de atrofia juvenil es en la manera de resolver los conflictos cotidianos. El espíritu conciliador que alguna vez me acompañó y algún problema me evitó se ha ido esfumando y ahora gestiono la adversidad como lo haría la gran Isabel Pantoja.

Maravillas de la Teletienda

Hola queridos. Igual es momento de contaros que estoy en paro, un estado laboral que algunos jamás habréis experimentado pero que, para los que trabajamos en televisión, es el pan de cada día. Me suele pasar una vez al año y normalmente son dos o tres meses (siempre coincide con los meses de enero, febrero y marzo). Durante este tiempo de inactividad intento entretenerme haciendo cosas que no puedo hacer cuando trabajo: cocinar sopa, ir a buscar a mi cachorra a la guardería y recorrer los 15 parques que tiene el pueblo, crear un blog, ir a la peluquería, salir a caminar (que no a correr) cuál chocha, hacer cursos de Domestika y ver la Teletienda.

Chochas y chochismo

Amiguis, soy una chocha. Hace algunos días salí al balcón de mi casa con vistas al Mercadona para gritarles a unos chicos que se callaran, que era muy tarde (las 23:07 para ser exactos). Yo con mi pijama y una especie de polar al que me niego a considerar una bata tuve que oír como me berreaban que me fuera a dormir (eso sí, hablándome de usted y llamándome señora). Para Navidades le pedí a mi madre que me regalara una olla a presión. Un invento maravilloso con el que las judías verdes se cuecen en 5 minutos y ahorras en tu factura de la luz (todo ventajas). Y últimamente también estoy pensando en hacerme un cambio de look radical. Un corte de pelo tipo garçon que hasta yo misma sé que me va a quedar modo periquito con reminiscencias de Rosa Villacastín.